vida secreta gato 

Está claro que los gatos no son animales domésticos. Técnicamente, conviven con nosotros, digamos que nos aceptan como compañía —nos toleran—, pero a diferencia de los perros, mantienen su distancia con los humanos y conservan sus hábitos de animales salvajes. Sin ir más lejos y si ha sido adoptado por un minino, ya se habrá dado cuenta  de que entre sus entretenimientos o juegos destaca el continuo entrenamiento de sus instintos de cazador. Así, mientras un perro puede entretenerse persiguiendo una pelota, a un gato no lo sacamos de juegos de peleas o de captura de presas.

Esa teórica independencia les hace acreedores de numerosas leyendas urbanas, como la de que pueden sobrevivir a pesar de estar mimados por humanos —y como todos, Michi prefiere tener la comida siempre lista en su plato a tener que salir a buscarse un rico sustento— o que valoran tanto su libertad que precisan de hacer escapadas para realizarse como animales. Que son unos auténticos aventureros.

Pues nada más lejos de la realidad. Sus ansias de conocer espacios nuevos no son ilimitadas, tal y como les atribuimos sus propietarios. Como felinos, son animales territoriales, pero también solitarios. Normalmente no disfrutan compartiendo su espacio con otros congéneres —salvo en los periodos de celo, obviamente, ya saben: cherchez la femme— y, precisamente por ello, respetan sobremanera los espacios de los otros.

De hecho, no suelen salir de los límites que han marcado como su territorio —que no acostumbra a ser excesivamente grande, en torno a las dos hectáreas— y no suelen adentrarse en terreno acotado por otro gato. Respetan las fronteras de cada uno. Es raro que, salvo que esté asustado o se sienta perseguido, se adentre en tierras desconocidas. A pesar de contar con un buen sentido de la orientación, estas limitaciones provocan que se puedan perder con facilidad o encuentren por casualidad otro espacio vital y no vuelvan a su primer hogar. Eso si no resultan expulsados del mismo por otro alfa. Pero lo normal es que no abandonen sus dominios durante su existencia. También son solitarios; les gusta señorearse por sus dominios cuando no se sienten observados por ningún vecino.

Lo cierto es que los gatos son animales profundamente vagos, dedican más de tres cuartas partes de su tiempo a sestear placenteramente y el acopio de energía que hacen lo usan básicamente para la caza o para proteger su territorio. Eso ya lo habrá notado, son terriblemente pendencieros.

Sea como fuere, estos pequeños felinos de compañía nos fascinan y nos intrigan sobremanera. Tanto, que científicos y curiosos televisivos se dedican a ponerles pequeños localizadores para que nos muestren cómo es su vida cuando no están a nuestro lado. Como un gran hermano, pero protagonizados por O’ Malley y sus amigos.

Lara de Miguel, limnóloga

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