gen rojo

Andaba el bueno de don Antonio Vallejo-Nájera Lobón, psiquiatra militar director del Gabinete de Estudios Psicológicos del Ejército franquista —el instituto de velar por la pureza de la raza hispana— buscando el gen rojo causante de la degeneración de esa extirpe de conquistadores que forjó el Imperio de los Reyes Católicos, cuando la contienda civil le presentó una magnífica ocasión para probar sobre el terreno los efectos de tal pernicioso intruso en el ADN puramente español.

Utilizó para ello dos grupos de voluntarios, 297 presos de las Brigadas Internacionales internados en Burgos y 50 reclusas de una cárcel de mujeres de Málaga. Con ellos pudo demostrar “la idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental. La comprobación de nuestras hipótesis tiene enorme trascendencia político social, pues si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia, podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”.

Pero no solo valía la segregación, “la perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores” , llegó a escribir en un artículo publicado en 1939 en la Revista Médica Española.

Algunos se preguntarán que para llegar a esas conclusiones no eran necesarias las cobayas femeninas, pero están en un craso error (vayan pasando los dubitativos por el Gabinete, no vayan a ser portadores del encarnado gen). Los pasos de este santo varón solo estaban guiados por reencarnar de nuevo la supremacía de los hispanos, y para ello, hay que estudiar detenidamente a ambos géneros. Sobre todo, porque “a la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”. (Psicología de los sexos).

Como ser inferior, con conductas que les asemejan a los animales, tienden a la degeneración y por lo tanto tienden a conductas marxistas. Luego, precisan de límites a su capacidad de decisión y deben permanecer bajo estrictos controles, que incluso hacen precisa la adopción de medidas de dureza para poner freno a estas desviaciones. Vamos, que mano dura.

Afortunadamente, don Antonio además de ser un buen español era un hombre pío y a pesar de la dureza del diagnóstico, se mostró magnánimo en su terapia y se mostró partidario por una parte de la segregación y por otra de la castración.

Así de este modo, “Volverán banderas victoriosas/ al paso alegre de la paz/ y traerán prendidas cinco rosas:/ las flechas de mi haz. / Volverá a reír la primavera,/ que por cielo, tierra y mar se espera./ Arriba escuadras a vencer/ que en España empieza a amanecer” (fragmento de Cara al Sol).

P.D. La suerte se alió de los portadores del gen rojo y tras la derrota fascista en la II Guerra Mundial, las ideas de la supremacía de la raza pasaron a un segundo plano y don Antonio fue relegado a una cátedra de Psiquiatría en la Universidad Complutense, desde donde impartió su magisterio hasta la muerte.

Eduardo Costas, catedrático de Genética

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