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No hace mucho sentenciábamos que, hagas lo que hagas, dará prácticamente igual: matemáticamente es más probable que te quedes soltero o soltera a que encuentres pareja. Así las cosas, quién sabe si intuyendo este axioma, o precisamente debido a ello, los habitantes del género masculino se muestran más proclives a conservar a sus amigotes que a cultivar su pareja. O sea, que si ponemos en la balanza el lazo sentimental por una parte y los lazos de la amistad por otra, nos toparemos con la cruda realidad: ellas son más románticas que ellos.

Ya sabemos que la componente piscológica en la conducta de nuestros semejantes introduce componentes subjetivos y culturales que la alejan de los patrones de la denominada ciencia ortodoxa. Pero aun así, eso no la invalida como ciencia o herramienta para comprender nuestro comportamiento.

Un reciente estudio parece demostrar que los chicos, de manera consciente o inconsciente, actúan —o prefieren actuar— a lo largo de su vida como si fueran solteros, aun cuando estén comprometidos en una relación, y colocan en el mismo plano a sus amigos y a su pareja. Esta complementariedad condiciona, y de qué manera, cualquier relación. Según la autora del estudio, Anna Machin, “los hombres parecen mantener un compromiso, pero siempre mirando al mercado de la soltería”. 

“A pesar de nuestra cultura monógama y de compromiso, el factor biológico aun opera, en un grado alto o moderado, en los hombres. La guerra de los sexos aun está viva y sigue siendo fundamental en nuestras relaciones”, señaló la investigadora.

Ellas, en cambio, sitúan a la pareja en un nivel superior y entienden el compromiso como una práctica en equipo donde ambos se desarrollen compartiendo metas y creencias. Es decir, que no hacen competir a su novio con sus amigos por la conquista de un espacio; resulta más importante tener una relación de pareja exitosa que mantener la amistad con sus otros círculos sociales.

Para ellos, resulta todo lo contrario, ambos elementos forman parte de un territorio en disputa donde la pareja está en clara desventaja. Pero no todo son diferencias. Lejos de la idea del solitario o del lobo estepario, el estudio prueba que ser social resulta un elemento característico en nosotros y, seamos hombres o mujeres, l@s amig@s resultan esenciales para encontrar el equilibrio, la estabilidad y el entendimiento y que resultan el mejor refugio donde encontrar consuelo tras las relaciones amorosas.

Ahí queda el estudio de la Universidad de Oxford y sus conclusiones. Seguro que en función de su particular experiencia, sacará las suyas. Ya comentábamos al inicio que no todo ha de ser ciencia pura, hormonas y neuronas. También la psicología tiene derecho a su pequeño espacio, aunque sea sometido a la revisión de cada uno.

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