noise 

Abrir la ventana y ventilar la casa o mantenerla cerrada a cal y canto, pero a salvo de esos molestos sonidos que llegan del exterior. No se trata de un dilema pueril. Eso lo saben bien todos aquellos habitantes de las grandes ciudades que se ven obligados a elegir entre aire renovado o huir de otro tipo de contaminación, la acústica. Sin duda, una de los males que nos ha traído el progreso.

Aparentemente, crear una barrera que absorba —lo detenga— el sonido pero que al tiempo deje circular el aire parece una misión imposible. Al menos con los sistemas de insonorización al uso, ya que no son capaces de discriminar las ondas sonoras del aire en un solo filtro. Aunque la palabra imposible no se conjuga cuando se habla de ciencia. Bastaría con descubrir o crear un nuevo material que separara ambos tipos de ondas y, una vez separados, atenuar uno de ellos.

Dos científicos coreanos ya han dado con la solución: crear una cámara de resonancia formada por dos placas de plástico separadas por apenas 40 milímetros. Esta doble capa, al igual que ocurre cuando ponemos una doble ventana en cualquier habitación, retiene el sonido (las pruebas realizadas en el laboratorio aseguran que los ruidos se reducen en 20 o 30 decibelios), pero a diferencia de los cristales normales, permiten que el aire discurra por su interior.

La explicación resulta relativamente sencilla, el sonido se propaga en función de las características del medio en el que se transmite y eso depende de la presión, temperatura densidad y humedad del mismo. Newton desarrolló una ecuación que nos permite obtener la velocidad del sonido en el aire en función de la temperatura (331+(0,6 x temperatura)). Y lo hace en forma de ondas que pueden ser absorbidas —neutralizadas— por diferentes materiales. Al topar con este material, la onda puede quedar detenida o por el contrario el choque la descompone en sucesivas ondas que se van propagando.

En principio, se trata de obtener un material que cumpla esta función y cuyo resultado sea obtener un módulo de volumen negativo pero que, por el contrario, no afecte al resto de las ondas que contiene el aire. Los materiales utilizados y su disposición en la cámara forman parte del éxito del trabajo de los científicos coreanos, cuyo resultado es una ventana libre de sonidos pero que permite la circulación del aire.

A veces, lo más sencillo unido a un poco de talento basta. Ahora solo falta que la patente lograda salte del laboratorio a los comercios. Es cuestión de un poco de tiempo y de dinero. El resto se lo pueden imaginar: espacios perfectamente ventilados pero aislados de todo tipo de ruidos. O no, porque basta con depurar un poco más el filtro para que dejen pasar sonidos agradables, como el romper de las olas y parar otros más incómodos, como las broncas de los vecinos o los aparatos de música a todo volumen; es cuestión de afinar la frecuencia de las ondas sonoras.

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