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La epigenética se abre paso como disciplina científica poco a poco y nos va descubriendo interesantes datos sobre el funcionamiento de nuestras células. Y no deja de ser un alivio, sobre todo para los que desde hace tiempo huimos de todo tipo de dogmatismos (el determinismo genético o su antagonista, los que ponen todos los huevos en la cesta del ambiente y la adaptación, no dejan de ser dogmas que limitan el conocimiento, y por lo tanto, los campos de la investigación).

Para que lo entendamos, el epigenoma es el conjunto de señales químicas que se encargan de encender o apagar los genes del ADN y, por lo tanto, en función de cómo actúa en cada individuo o en cada especie pueden producirse cambios significativos en el funcionamiento de nuestras células sin que cambie nuestro ADN, que pueden derivar en cambios de comportamiento. En nosotros, los humanos, parece que el epigemona del cerebro cambia desde que nacemos hasta que llegamos a ese periodo de hacernos mayores que llamamos adolescencia. 

Tampoco hay que hacer ninguna gran investigación para constatar cómo los peques van cambiando de comportamiento según van creciendo. Otra cosa es conocer el porqué de estos cambios. Una nueva investigación arroja algo de luz sobre este asunto. Los trabajos han probado que el córtex frontal (responsable de la conducta y la adquisición de nueva información) de las personas experimenta un importante cambio desde el nacimiento hasta la finalización de la adolescencia.

A lo largo de este tiempo, la comunicación entre las neuronas va cambiando: su epigenoma se transforma y los genes van cambiando de significado.

“El cerebro se divide en sustancia blanca (glía) y gris (neuronas) con varios tipos de células con funciones diferentes. Los patrones de metilación del ADN hacen que se expresen genes específicos de determinados tipos de célula. Incluso en la sustancia gris, hay subtipos de neuronas como las piramidales y las productoras del neurotransmisor GABA que tienen subpatrones de metilación del ADN específicos”.

Este descubrimiento, según afirman los autores de la investigación a la agencia SINC, puede tener una importancia profunda en el conocimiento de la biología del cerebro porque, además de explicar la plasticidad de este órgano ante el aprendizaje y las experiencias vitales, puede ser decisivo para entender las causas de las alteraciones de la conducta y de las enfermedades psiquiátricas.

El siguiente paso, como casi siempre que estudiamos los cambios en nuestro comportamiento, es aplicar los resultados que las investigaciones pueden ofrecer para poder tratar de manera más adecuada enfermedades como el autismo o la esquizofrenia.

Victoria López Rodas, catedrática de Genética

Referencia bibliográfica:

Lister R, Mukame EA, Nery JR, Urich M, Puddifoot CA, Johnson N, Lucero J, Huang N, Zaman S, Schultz MD, Tonti-Filippini J, Yu M, Heyn H, Hu S, Wu JC, Rao A, Esteller M, He C, Haghighi FG, Sejnowski TJ, Behrens MM, Ecker JR. “Dynamic epigenomic reconfiguration during mammalian brain development”. Science, July 4th, 2013.

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