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Hubo un tiempo en que la Educación para la Salud, fundamento de la Atención Primaria de Salud, ocupaba un lugar preferente en la práctica diaria de nuestro trabajo. Actualmente, con el libro de recortes en la mano, este pilar de nuestro trabajo está siendo relegado, así que celebro cualquier avance que ponga el acento en la importancia de la prevención en cuestión de salud, en este caso la prenatal.

Los expertos aconsejan, basándose en un nuevo estudio, que los profesionales de la salud realicen un asesoramiento sobre control de peso en las mujeres que desean concebir para prevenir y tratar la obesidad. El trabajo realizado por el Instituto Valenciano de Infertilidad y liderado por la doctora en Ginecología Daniella Galliano coloca a las futuras madres ante el dilema de replantearse seriamente su relación con la báscula, al demostrar que el exceso ponderal no solo empeora la salud del feto, sino que está directamente relacionado con el aumento del riesgo de que la descendencia padezca en su edad adulta múltiples enfermedades.

Antiguamente, las mujeres tenían licencia para atiborrarse durante la gestación —ya saben, aquello de “tienes que comer por dos”—; es más, no dejarse seducir por cualquier capricho podía acarrear todo tipo de estigmas cutáneos que, en el futuro, delatarían la negligencia materna en forma de antojos. Afortunadamente, esos tiempos quedaron atrás y desde hace décadas se recomienda a las mujeres una ganancia de peso proporcional a su talla. Sin embargo, hasta hace poco lo que se pretendía era prevenir los riesgos que madre y bebe podían padecer durante la gravidez o el parto motivados por el sobrepeso; diabetes, preeclampsia, tromboembolismo, en el caso de la madre; y sufrimiento fetal, hipoglucemia, ictericia, hidramnios (exceso de líquido amniótico), macrosomía y malformaciones, en el del neonato.

Teniendo en cuenta que cerca del 40 % de las mujeres en cinta son obesas, o llegan a serlo durante este proceso vital, expertos en clínicas de reproducción asistida han tomado este tema como objeto de estudio y han analizado qué papel jugaran los actuales michelines en el porvenir de la descendencia no solo a corto, sino también a largo plazo.

El ensayo ha demostrado, utilizando una revisión de otros artículos, que el ambiente donde desarrolla su vida el feto condicionará su desarrollo futuro. Según Galliano, primera signataria del artículo publicado en la revista Gynecological Endocrinology, esta noción, llamada memoria metabólica, convertirá la obesidad en un problema autogenerado. De esta forma, los hijos de madres obesas tienen mayor probabilidad de sufrir no solo la propia obesidad, sino también diabetes tipo 2, osteoporosis, problemas neurológicos como autismo y esquizofrenia, enfermedad cardiovascular, envejecimiento prematuro e incluso cáncer. Asimismo, sostienen que el sobrepeso podría ocasionar un infradiagnóstico de otras complicaciones del feto debido a la dificultad para visualizar algunos órganos en las ecografías. Los autores aventuran que hay determinados mecanismos que subyacen a la obesidad que se establecen antes del parto, por ello llegar a comprender los patrones generacionales de ambos progenitores puede ayudar a establecer estrategias de prevención.

La ginecóloga sostiene que el coste del manejo de este tipo de gestantes puede ser cinco veces superior al de aquellas cuyo índice de masa corporal no supera la normalidad. Desde aquí, emplazo a los gobiernos, que desoyendo estos trabajos no tienen en cuenta el coste sanitario —amén del de salud— a realizar un esfuerzo en prevención para evitar patologías a sus aun pequeños pero futuros votantes. Mientras tanto, insto a aquellas féminas cuyos próximos planes incluyan un baby a vigilar su peso y, si hace falta, pues eso, que vayan cerrando el pico.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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