mano derecha

Otra de neandertales. Nuestros primos europeos eran tan diestros como nosotros, los africanos descendientes de Lucy. Y no nos referimos a que se mostraban tan habilidosos como los Sapiens, sino a que se desenvolvían preferentemente con la mano derecha, tal cual como ocurre en nuestro mundo.

Cada paso que se da en la investigación de esta especie que cohabitó —y que seguramente se acabó mezclando en algún momento— en la Europa de hace 20 millones de años abre campos donde se ofrecen curiosas similitudes con la nuestra. La última descubierta es la lateralidad cerebral.

Los análisis microscópicos de muestras dentales de los restos descubiertos en la cueva del Sidrón (Asturias, España) reflejan que poseían un patrón de asimetría cerebral muy parecido al del ser humano de hoy en día. Este hecho nos ofrece pruebas, otras más, de que contaban con una organización especializada del cerebro (a pesar de que algunos primates manifiestan una tendencia al uso preferente de una de sus manos, la lateralización solo se observa de manera estricta en las especies humanas).

Pero siendo apasionante este dato, no lo es menos el camino que los paletontólogos han utilizado para llegar a él: fijándose en las estrías de los dientes. Se supone que estos moradores primitivos se ayudaban de la boca para realizar determinados trabajos y esto provocaba una cierta erosión en sus caninos. Es decir, utilizaban —como alguna vez hemos hecho nosotros mismos— la boca a modo de tercera mano, en lo que podemos entender como un gesto de agarrar y cortar. O sea, se ayudaban de la boca para sujetar objetos, tirar de ellos y tensarlos y, ¿por qué no?,  cortarlos.

Esta acción, además de dejar rastros de desgaste o marcas, ha servido, en función de donde se producen, para determinar qué lado de su dentadura era la más expuesta a este tipo de marcas y en función de ellas se puede determinar si eran diestros o por el contrario eran zurdos.

Asimismo, los investigadores también han obtenido pruebas de que estos patrones de funcionamiento —el uso preferente de una mano sobre la otra— se establecía desde la infancia. De hecho, entre los once individuos analizados había un niño de entre 6 y 8 años que presentaba el mismo patrón de lateralidad que los adultos.

Lo que todavía no se ha podido determinar —hasta el momento, apenas una veintena de restos completos han pasado por los análisis de los científicos— es si estamos ante un factor poblacional o educacional.

Las estadísticas apuntan a que eran diestros y que la proporción de zurdos es similar a la actual… Siguiendo estos patrones, quién sabe si también se demostrará en poco tiempo si para ellos lo diestro era algo que resaltar y lo siniestro, que ocultar y penalizar.

Seguro que en breve surgirán las respuestas a este y a otros interrogantes de estos rubios que, misteriosamente, desaparecieron de la faz de la Tierra para dejarnos el reinado en solitario.

Camino García Balboa, química, y Enrique Leite

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