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El Sol… fuente sin duda de vida y de salud, pero también si te descuidas de estropicios en la piel que pueden acabar derivando en cáncer. Pero no se apuren, que no vamos a hablar de los baños de sol y de sus efectos perjudiciales en la epidermis, sino más bien de todo lo contrario.

Todos, salvo los habitantes de la noche, hemos comprobado en nosotros mismos cómo el proceso de lucir un bonito bronceado pasa, siempre y cuando no se aplique el recomendado protector solar en forma de crema o aerosol, por un molesto y doloroso color rojizo que nos impide apoyar la parte quemada sobre las sábanas.

La industria del ramo lleva años aplicada a buscar remedios y soluciones a esas dolorosas quemaduras, pero poco se había estudiado sobre los responsables de ellas. Hasta ahora. 

Un grupo de investigadores norteamericanos de la Universidad de Duke ha focalizado a la molécula responsable de estas alteraciones en la piel: la TRPV4. Una molécula que se encuentra abundantemente en la epidermis, la capa más superficial de la piel.

Hasta ahora se sabía que este gen era el encargado de mandar las instrucciones para hacer una proteína que actúa como un canal de calcio, básico para numerosas funciones como el desarrollo de los huesos y cartílagos, para el mantenimiento del equilibrio de agua del cuerpo (osmorregulación) y en ciertos tipos de sensaciones, sobre todo la sensación de dolor. También era conocido que este canal podría desempeñar un papel en la auto-destrucción de las células (apoptosis).

Puede parecer un asunto sin importancia, habida cuenta de la eficacia de los medicamentos que existen en el mercado, pero desentrañar este misterio supone explicar de una manera precisa de qué manera el Sol daña la piel y, sobre todo, elaborar un compuesto farmacéutico que impida la acción de la molécula.

De hecho, eso han conseguido en el laboratorio, un producto al que han añadido alcohol y glicerol (básicamente dos desinfectantes dermatológicos) y que ha sido probado con éxito en ratones y en muestras de piel humana.

Los científicos, como siempre ocurre, se muestran cautos y aseguran que ahora lo que toca es comprobar que no hay otras moléculas implicadas en el daño solar, además de la ya identificada.

Entre tanto, lo dicho, cuídense de los efectos de los rayos solares utilizando las cremas adecuadas.

Camino García Balboa, química, y Enrique Leite

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