habito

Para algunos quizá estas líneas lleguen tarde y para otros es posible que en el momento oportuno. En cualquier caso, haya comenzado o por el contrario haya terminado sus vacaciones, seguro que o tiene intención de cambiar su modus vivendi o haya provocado ya cambios en él.

Quien más y quien menos, en vacaciones se generan nuevas maneras de comportarnos. Las rutinas del resto de los meses laborales dejan paso a otras nuevas, digamos en modo descanso, y aseguramos adquirir nuevos hábitos, que en ocasiones nos gustaría trasladar a nuestra cotidianidad, como por ejemplo hacer algo más de ejercicio, comer más sano, dejar de fumar o algo menos trascendente como quitarnos alguna manía que nos incomoda, por ejemplo encender la televisión nada más levantarnos.

Aunque no lo crea, estas pautas de comportamiento son objeto de estudio por parte de científicos. Hasta no hace mucho se afirmaba que bastaban 28 días para que lográramos automatizar determinadas acciones. Es decir, que en un mes de repeticiones continuas, cualquier cosa se convertía en hábito, en algo que ejecutamos de manera casi inconsciente. Pero parece que —como en el concurso televisivo— nos quedamos cortos en nuestras apreciaciones. Esta teoría que se popularizó a lo largo de la década de los 60 se ha puesto ahora en entredicho. 

Un estudio publicado en la revista European Journal of Social Psycology por un grupo de investigadores británicos asegura que hace falta más tiempo, 66 días, para crear un hábito que nos puede acompañar, si no lo remediamos, durante toda nuestra vida.

Lo primero que hay que subrayar es que se considera hábito a cualquier acción que se repite cada día en la misma situación. Los investigadores británicos que realizaron el trabajo sometieron a los sujetos del experimento a realizar conductas repetitivas en su modo de operar. Pruebas variopintas que abordaban aspectos relacionados con la alimentación saludable, practicar ejercicio a diario, etc. Posteriormente, se les preguntaba cuánto de mecánicos o cotidianos percibían estos nuevos comportamientos. Vamos, si lograban hacerlos con facilidad y sin pensar en su ejecución.

Los datos obtenidos reflejaban que los más proclives a organizar sus neuronas automáticamente lo consiguieron en 18 días y los más renuentes en 254, aunque la media de los sujetos lo consiguieron en esa cifra: 66 días. Otra variable que estudiaron fue el grado de dificultad y de exigencia que el nuevo comportamiento requiera (no es lo mismo madrugar, por ejemplo, que ingerir un vaso de agua antes de cada comida).

Ahora que ya sabe el tiempo de media que necesitará para ajustar su vida a sus cambios, el resto dependerá de cada uno. Aunque a resultas del estudio, ya entiendo por qué no nos dan dos meses de vacaciones seguidos, no vaya ser que esa actividad tan saludable que es vivir sin trabajar se convierta en hábito.

Camino García Balboa, química

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