polo sur

Hablar de la Antártica es mentar una de las obsesiones de los exploradores del XIX y comienzos del XX. La Expedición Discovery fue la primera oficial que hicieron los británicos al iniciarse la centuria. Tenía como objetivo elaborar una amplia cartografía de ese continente desconocido, al tiempo que se pretendía ahondar en el conocimiento científico. El barco de la expedición, el RRS Discovery, fue construido para ella y fue una de las últimas embarcaciones de triple mástil de madera en construirse en Inglaterra.

Pero sin duda será conocida por cimentar la gloria de Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton (tercer oficial de cubierta a cargo del compartimiento de carga, los víveres y las provisiones, y además era el responsable de organizar los espectáculos de entretenimiento) como exploradores polares. Scott ejercía el mando absoluto, por encima del director científico sir John Murray, inexperto en este tipo de operaciones.

Bajo el principio de “Para ir hacia lo desconocido debían empezar desde lo conocido”, la nave partió de Cardiff el 6 de agosto de 1901 para “determinar, lo más que se pueda, la naturaleza, condiciones y extensión de la porción de las tierras del Polo Sur que se halla incluido en el alcance de su expedición” y hacer un estudio magnético desde las regiones del sur hasta el sur del paralelo cuarenta y llevar a cabo investigaciones meteorológicas, oceanográficas, geológicas, biológicas y físicas”. El 30 de enero llegaba a un mundo que el hombre jamás había pisado hasta entones: la Península de Eduardo VII.

Comenzaban las expediciones, la primera un paseo en globo de Scott y Shackleton para observar el nuevo mundo al que se enfrentaban. Entre tanto, atrapado el barco en el hielo, se organizaron las expediciones para “llegar lo más al sur que podamos en línea recta sobre la barrera de hielo, alcanzar el Polo si es posible o encontrar alguna nueva tierra” y el primer éxito, recorrer 960 millas y alcanzar los 78° 50′ S.55.

Todo estaba previsto para seguir tras el deshielo, pero el Discovery seguía atrapado entre las paredes blancas… Todo parecía venirse abajo menos el ánimo del capitán que siguió con sus planes de exploración terrestre: el ascenso de las montañas occidentales y del interior de la Tierra de Victoria y si era posible llegar a la ubicación del Polo Sur Magnético. 59 días después y tras llegar a lo que llamaron Fartherst South (82º 17′ S), lo más al Sur que pudieron llegar, Scott regresó con la intención de poner rumbo a Gran Bretaña.

Atrás quedo incumplida la obsesión de Scott de conquistar el Polo Sur y sus desavenencias (que supusieron un antes y un después ella relación entre ambos y numerosa rumorología) con Sackleton que también marcaron la vida de este segundo y su vocación de explorador. Scott achacaba a la enfermedad de su tercer oficial como una de las causas de no haber alcanzado su meta.

La vuelta, en cualquier caso, resultó fructífera: el descubrimiento de lo valles secos de McMurdo, la península de Eduardo VII y la meseta Antártica, esta última después de seguir la ruta de las montañas Transantárticas. También se anotó en las bitácoras la colonia de pingüinos emperador en el cabo Crozier, la evidencia científica de que la barrera de Ross era una plataforma de hielo flotante, y un fósil de una hoja que ayudó a establecer la relación de la Antártida con el súpercontinente Gondwana. Miles de especímenes geológicos y biológicos fueron recabados, y se identificaron nuevas especies marinas.

Enrique Leite

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