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Hace unos días me congratulaba desde estas páginas de que la última investigación diera como claro vencedor al altruismo sobre el egoísmo en referencia a la conducta evolutiva si nos referimos al largo plazo, pero otras voces, desde las explicaciones más clásicas a las que nos hablan del comportamiento, encuentran que en el corto plazo las cosas son diferentes.

Según experimentos realizados por la Universidad de Harvard y Yale (EEUU), las personas cuando deben decidir entre el interés propio o grupal escogen en un primer impulso cooperar, siempre y cuando no reflexionen. Los investigadores han sometido el comportamiento de una serie de personas a situaciones en las que debían apostar por beneficiarse personalmente o atender al bien grupal y comprobaron que la primera propulsión de las personas es altruista. Para ello han puesto a prueba el desinterés del ser humano con diez juegos económicos que demostraron que ese empuje irreflexivo era dadivoso, mientras que la reflexión en la toma de decisiones condujo a los participantes a tomar aquellas que suponen un comportamiento menos espléndido. Cuanto más rápida la respuesta, mas desprendida será.

El análisis, publicado en la revista Nature, concluye que “cooperar es intuitivo y automático; sin embargo, contar con tiempo para deliberar conduce al egoísmo”. El principal autor del estudio, David Rand, investigador de la Universidad de Harvard, revela que la cooperación es central en el comportamiento social humano. El examen sondeó el tiempo que invertía la gente en tomar sus decisiones y pudieron comprobar que aquellos que actuaban más rápido tenían una respuesta más desinteresada y por tanto dedujeron que “la cooperación es intuitiva y automática”.

La prueba definitiva consistió en relacionar estos resultados con el pensamiento intuitivo y el reflexivo. Los sujetos del estudio tuvieron que recordar un momento de su vida en el que el razonamiento intuitivo o el reflexivo les hubieran resultado satisfactorios.

Encontraron así, a través de una gama de diseños experimentales, que quienes llegan a sus decisiones más rápidamente son más cooperativos. Además, obligando a los sujetos a decidir rápidamente aumentaba la contribución, mientras que invitar a reflexionar y obligarlos a decidir la disminuía lentamente. Según estos resultados, los investigadores plantean que la intuición apoya la cooperación en dilemas sociales y que la reflexión puede socavar estos impulsos cooperativos en situaciones que exista tensión entre lo que es mejor para el individuo y lo que es mejor para el grupo. Según el investigador, la evidencia encontrada apunta también a que el aprendizaje y la cultura juegan un papel importante en este comportamiento.

Toda hecatombe encuentra héroes individuales o grupales cuyo comportamiento emociona y reconforta en medio de la tragedia. ¿Nunca se han planteado, viendo tales hazañas, si usted seria capaz de emularlas? Siguiendo el hilo de este análisis —y lejos de mi intención queda minimizar las gestas heroicas que suceden a las catástrofes— la naturaleza de dichos actos estaría influenciada por la prontitud con que se actúa. Rapidez suficiente como para impedir al protagonista sopesar los riesgos que entraña para su integridad el lance. Es comprensible que si uno se para a ponderar las consecuencias de meterse, por ejemplo, en una casa en llamas sin uniforme de bombero o lanzarse mar adentro para salvar a un ser humano sin estar en posesión siquiera del título de socorrista —y sin que en ello medie ningún vínculo emocional— uno recule y espere que sean los servicios de emergencia o quien corresponda los que asuman tan loable papel.

Entonces, ¿son las personas impulsivas, más valientes? ¿Y las reflexivas, cobardes? Buscando sacar cierta utilidad a esta aseveración, si pertenecen al primer tipo y les han recriminado su conducta atolondrada, a partir de ahora pueden responder: “¡Sí, y por eso soy mas valiente!”

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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