lenguaje de flores

Aunque el título pueda parecer engañoso, vamos a describir el resultado de una asombrosa investigación científica que abre numerosos interrogantes sobre nuestras amigas las plantas. Los que se dedican a los cuidados de jardines desde hace tiempo nos alertan de los sentimientos de estos seres vivos, a los que apenas concedemos la capacidad de crecer, multiplicarse y alegrarnos la vista con sus formas o sus colores.

Seguro que a muchos no les resulta ajena esa explicación de que crecen de una manera más rápida y firme cuando se les habla con cariño o cuando se les pone cerca un aparato con música clásica o melódica. Aunque nos atrevemos a afirmar que la mayoría no le ha dado importancia a tal aseveración y que lo ha tomado como un comentario realizado por un iluso o gente de bien. Pero ¿y si resultara que es cierto y  las plantas tuvieran sentimientos?

Hace casi medio siglo que un botánico, Lyall Watson, afirmó en un libro, Supernature, que las plantan tenían emociones. Entonces la comunidad científica lo tachó de extravagante y el asunto no pasó de ahí. Pero… todo tiene un pero… un nuevo trabajo ha descubierto que las plantas reaccionan a los sonidos e incluso son capaces de emitir algún tipo de ruido para comunicarse entre sí.

Según los investigadores, del mismo modo que son capaces de reaccionar ante la luz y poner en marcha procesos químicos —como la fotosíntesis, por ejemplo—, hacen lo propio cuando se sienten amenazadas —por ejemplo, ante el ataque de un depredador— o reaccionan ante la presencia de vecinos molestos.

El experimento analizó las raíces del maíz y se comprobó cómo son capaces de orientarse hacia la fuente de un sonido continuo emitido en la frecuencia de los 220 Hz; es decir, que teóricamente son sensibles a sonidos que se emiten en esa frecuencia.

Del mismo modo, comprobaron que esa es la banda que utilizan para realizar una especie de chasquidos que emiten desde sus raíces también y que suponen son captados por otras plantas, sea de su especie o de otras. Es decir, que pudiéramos estar ante un modo de comunicación entre ellas.

Demos crédito a esta investigación en todos sus planteamientos o parcialmente, lo cierto es que estos investigadores han puesto sobre el tapete las lagunas que todavía tenemos sobre la complejidad sensorial y comunicativa de estos organismos y se abre la puerta a una interesante campo para la ciencia. Porque, como subrayan los autores del trabajo, “es muy probable que en poco tiempo descubramos si la sensibilidad al sonido y las vibraciones también juega un papel importante en la vida de las plantas”.

Así que ya saben, además del lenguaje de las flores —el que le atribuimos los humanos al regalarlas a otra persona— pudiera ser que ellas contaran con el propio. ¿Quién sabe si esas pequeñas macetas que adornan nuestro salón resulta que son unas cotillas y toda nuestra vida va de boca en boca en el mundo vegetal?

Enrique Leite

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