gamba

Para los renuentes a incorporarse al club de la economía azul, incluso para los detractores, allá va una nueva muestra de cómo los residuos o la basura de una etapa del modelo económico productivo pueden ser utilizados como materia prima para otro nuevo, consiguiendo de este modo que nos beneficiemos todos y, sobre todo, el planeta.

El marisco es una fuente de proteínas y de placer para el paladar. ¿A quién no le gusta degustar unas gambitas o unos langostinos? Ahora bien, la cantidad de cáscaras que dejan… Y ¿qué hacer con ellas? Pues por ejemplo utilizarlas para crear un conservante natural que puede ampliar hasta en un 50% la vida útil de otro alimento que consumimos al natural: las fresas.

En ello se aplican investigadores argentinos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) de la provincia de Buenos Aires. Uno de los componentes de su caparazón, el quitosano, es el responsable. Se trata de un biopolímero no tóxico, biocompatible y naturalmente degradable con actividad antimicrobiana, antiviral y antifúngica… Y entre sus propiedades, la capacidad de hacer más lento el deterioro de los frutos, lo que les permite permanecer mayor tiempo en los almacenes y en los anaqueles de su frigorífico.

Hasta ahora, el quitosano se utilizaba como una ayuda al crecimiento de los vegetales, sobre todo porque los inmuniza contra infecciones provocadas por hongos. También se utiliza para la coagulacion de caseínas de leche y producción de quesos con pocas calorías o en otros casos para la filtración y depurado de las aguas. Asimismo, tiene su particular uso como suplemento en las comidas, ya que está probado que ayuda a disminuir el colesterol en la sangre, sirve para los tratamientos de anemia y fortalece el sistema inmunológico.

Pues a estos hay que sumar este nuevo. Los científicos argentinos aplicaron el líquido mediante la inmersión y pulverización de los frutos con este producto, aunque las líneas de investigación apuntan a trabajar con él antes de que se cosechen los mismos.

De momento, se ha probado con éxito en fresas y han comenzado los experimentos con otras frutas y verduras.

Lo dicho, ¿quién iba a pensar que la basura de un alimento tan demandado como son las gambas, langostinos y otros crustáceos sería la materia prima esencial para conservar frutas y verduras?

Beatriz Baselga, veterinaria, y Enrique Leite

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