male and female

Cuando hablamos de sexo y de sexualidad, no hay que tratar de confundir las cosas. Una cosa es la sexualidad y otra bien distinta es la parte reproductiva del asunto.

La sexualidad es algo que está muy bien, es muy agradable pero solamente es posible en determinados organismos, como los seres humanos. Sin embargo, el sexo desde la perspectiva reproductiva es algo necesario desde el punto de vista biológico. En este orden de cosas, todos sabemos que es necesario que existan claramente diferenciados dos géneros: el macho y la hembra.

¿Por qué es necesario tener dos sexos? ¿Por qué es necesario establecer diferencias entre individuos dentro de la misma especie? 

La respuesta a esas preguntas tiene miga. Lo digo porque la evolución nos ha dado numerosos ejemplos en los que, con un solo género, una especie perdura en el tiempo.  Como comenté en una ocasión, existen determinados tipos de animales, en particular insectos, que son capaces de perdurar evolutivamente siendo solamente hembras, gracias al proceso de partenogénesis.

Pero algo no debe ser tan positivo en esos insectos cuando la mayoría de los organismos se reproducen sexualmente. La ventaja es la riqueza. Con intercambio sexual, las especies se enriquecen genéticamente, mejoran y en muchos casos se solventan problemas que con la partenogénesis se van a transmitir hasta el infinito.

Pero la cuestión es, ¿cuándo decidieron las especies separarse en machos y hembras y comenzar el proceso sexual tal y como lo vemos en la actualidad?

Existen por lo menos tres teorías que tratan de justificar por qué se desarrolló este tipo de reproducción. Los biólogos evolucionistas no se acaban de poner de acuerdo sobre cuál de todas es la más plausible y no es mi intención tomar una postura firme, pero sí me parece que pueden, o mejor dicho pudieron, existir motivos por los que este fenómeno ocurrió. Lo que deseo es hacer una breve reflexión de cuáles han podido ser los motivos para dicho cambio. Es muy probable que este proceso ocurriese muy pronto en la evolución, en organismos unicelulares y no como una consecuencia de cambios sociales en el comportamiento de los organismos, pues un organismo formado por una sola célula es tan primitivo que su comportamiento depende práctica y exclusivamente de un aspecto: la supervivencia.

En este sentido, parece que debió existir un momento en el que las difíciles condiciones en este planeta obligara a esos organismos unicelulares primitivos a  fusionarse en uno solo para ahorrar recursos y poder adaptarse a las condiciones hostiles del medio en el que vivían. Ocurrió en algún momento que, cuando esa nueva célula se fusionaba con otra, no lo hacía con cualquiera, sino con alguna que presentara características especiales. Es decir, se establecían diferencias entre grupos de células que, aunque de la misma especie, no eran exactamente idénticas. Dicho con otras palabras, se segregaban en dos tipos o géneros.

¿Qué permitía a dos células decidir que querían fusionarse? ¿Qué atractivos puede tener una célula para gustarle a otra? Igual que entre animales unas plumas de color llamativo, una lucha entre machos o un físico respetable pueden ser motivos que inciten al apareamiento, las células debieron tener algo que las atrajeran entre sí. ¿Unas proteínas presentes en sus membranas que atrajesen a las células vecinas?  Los cierto es que no se sabe, pero algo así tuvo que ser.

Lo que sí se sabe es que la fusión de dos células fue algo positivo genéticamente, puesto que permitió recombinar sus ADN y así enriquecerse genéticamente hablando y, por ejemplo, solventar los problemas de las mutaciones, que podrían conducir a la extinción de esa especie con el paso del tiempo.

Fuera como fuera, la realidad es que la evolución ha optado por esto y parece que funciona bien, así que poco hay por hacer y mucho todavía por investigar…

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

Anuncios