seven

Hoy toca hablar de números… pero no se me asusten que ni va de Matemáticas ni de Economía. Es una simple curiosidad que explica esa atracción fatal que tenemos los humanos por uno de ellos: el siete. Siete son los pecados capitales y también los Magníficos, y así podríamos seguir desgranando fechas, acontecimientos, símbolos o prácticas más o menos esotéricas que tienen como lugar común este número. De hecho, los estadísticos que se dedican a la Ciencia encuentran que, cuando nos piden que realicemos una lista de elementos a recordar, la mayoría nos detenemos al glosar siete, repetimos miméticamente hasta un máximo de siete.

Sin duda es algo que llama la atención y de ahí que algunos intenten darle una explicación más o menos coherente a este ejercicio de memoria (a corto plazo) y su capacidad de almacenar datos significativos o relevantes antes de procesarlos y pasarlos al disco duro que forma la memoria a largo plazo.

Cuando el cerebro recibe una información, como por ejemplo un número de teléfono, procede automáticamente a almacenarla. Si no le prestamos atención, al cabo de unos 30 segundos desaparece de nuestra mente. Por eso, la manera de fijarla se realiza mediante la repetición. Ahora bien, si le prestamos atención y la tratamos (la analizamos o la relacionamos con otros conceptos), se activa el mecanismo neuronal mediante el cual la pasamos a la memoria a largo plazo.

Este proceso de memorización consta de tres fases: registrar, retener y recuperar (que es por otra parte lo que hacemos cuando nos ponemos a estudiar un examen). Y, básicamente, lo podemos reducir a un proceso neuronal donde activamos una serie de neuronas y se inhiben otra serie de ellas mientras memorizamos.

Ahora bien, ¿por qué está limitada la capacidad de nuestra memoria a corto a ese número siete? Una investigación realizada en el Instituto Max Planck hace unos años estableció un modelo matemático que describe cómo funciona el proceso neuronal cuando estamos procesando una secuencia de números o palabras.

Según este patrón de funcionamiento, al llegar al número siete se alcanza el grado máximo de eficacia y para recordar siete elementos es preciso poner en marcha un proceso de supresión y activación neuronal quince veces superior que el necesario para recordar tres. Y para recordar diez, este esfuerzo es 50 veces superior que el de memorizar tres. Este equilibrio entre el esfuerzo necesario de activación neuronal y los elementos que hay que recordar da como resultado que el siete representa el número adecuado.

Y así fue, según estos científicos, cómo a lo largo de la evolución de nuestro cerebro, este optó por hacer parar la maquinaria o establecer el tope en el número siete.

Ya ven, algo a la vez tan sencillo y tan complejo que se aleja de cualquier explicación mágica.

Eduardo Costas, catedrático de Genética, y Enrique Leite

Anuncios