sleep memorized

Dormir, deliciosa actividad que ocupa gran parte de nuestra vida, es además de necesario muy beneficioso, y más si estamos en proceso de memorizar ciertas habilidades. La ciencia ha dado otro paso en el estudio de las bondades de esta forma de reposo; en esta ocasión, los esfuerzos se han destinado a conocer el influjo del sueño en la consolidación de la memoria y el aprendizaje de tareas motoras complejas. El ensayo, liderado por a Universidad de Brown (EE UU), buscaba averiguar la función específica que ejerce el sueño en el arraigo de la enseñanza.

Hasta ahora, el engranaje que fortalecía la memoria en relación con el adiestramiento motor era impreciso, por ello los científicos querían saber por qué y cómo se producía. Masako Tamaki, investigador posdoctoral, declara que lo que se pretendía era conocer en qué parte del cerebro tiene lugar este mecanismo durante el sueño. La investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista Journal of Neuroscience, utilizó tres tipos de imágenes del cerebro y logró cuantificar con exactitud los cambios entre ciertas ondas cerebrales y el emplazamiento de estos cambios en la actividad cerebral.

Para ello, nueve voluntarios durmieron durante las tres primeras noches del experimento con sus cerebros sometidos a escáner con magnetoencefalografía (MEG), para medir las oscilaciones cerebrales con una sincronización exacta, y con polisomnografía (PSG), técnica que registra parámetros fisiológicos, para realizar un seguimiento de la fase del sueño. De esta forma, los investigadores pudieron conseguir valores de referencia de la actividad cerebral y, al mismo tiempo, los participantes iban acostumbrándose a dejarse acunar por Morfeo enchufados a todo tipo de electrodos.

Más tarde, los nueve participantes memorizaron una tarea secuencial de golpeo de dedos semejante cognitivamente al teclado del piano o al repique de la máquina de escribir. A continuación, se les permitió dormir tres horas y fueron de nuevo sometidos a escáner con PSG y MEG. Finalmente, les despertaron y, pasada una hora se les instó a reproducir la tarea de golpeo de dedos. El otro grupo, formado por seis personas que también ejecutaron la tarea pero no durmieron, realizó el mismo examen pasadas cuatro horas del entrenamiento. Así se comprobó que aquellos que descansaron hicieron la tarea más rápido y con más precisión que los que no pudieron descansar.

Para finalizar, el último día del experimento, los investigadores escanearon a todos los voluntarios utilizando una máquina de resonancia magnética para mapear la anatomía cerebral y verificar dónde se hallaban las oscilaciones MEG observadas en el cerebro de los sujetos. En el escáner se buscaron cinco frecuencias en ocho regiones cerebrales, cuatro por cada lóbulo cerebral, esperando que la actividad más importante se desarrollase en la región (M1) del cerebro que se ocupa del control motor. Contrariamente a lo esperado, los cambios más significativos se produjeron en otra área, la motora suplementaria (SMA). Todos estos cambios fueron objetivados en un momento concreto del sueño, conocido como “de onda lenta” o “sueño profundo”, según apuntan los científicos.

El grueso del experimento se realizó en el Hospital General de Massachusetts y fue analizado a posteriori en la Universidad de Brown. “El sueño no es sólo una pérdida de tiempo. Es una actividad intensiva para el cerebro que ayuda a consolidar el aprendizaje, porque hay más energía disponible o porque las distracciones son menores”, concluye Yuka Sasaki, coautor del estudio y profesor asociado de Investigación en la Universidad de Brown.

Seguiremos atentos a estos investigadores, Tamaki y Sasaki, que ya han puesto en marcha un nuevo laboratorio de sueño cuyo proyecto pretende averiguar cómo se consolida el aprendizaje visual.

A la espera de protocolos concretos que permitan sacar partido a estos progresos, si el sopor nos invade… recordemos que, gracias al sueño, además se reparan nuestras células, se combate la obesidad, se estimula nuestra creatividad e incluso se reduce el riesgo de muerte prematura. Así que… ¡a dormir!

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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