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La investigación aplicada sigue inspirándose en los modelos animales. Al fin y al cabo, hay que aprovecharse del paciente trabajo realizado por la evolución a lo largo de miles de años. De lo contrario, flaco favor haríamos a nuestro sobrenombre de inteligentes. En este caso, los ingenieros se están fijando en las capacidades hidrodinámicas de las especies marinas más veloces y del estudio de sus condiciones morfológicas y anatómicas para obtener modelos que posteriormente puedan aplicarse a la construcción o materiales de los barcos, o en el diseño de los trajes que utilizan los nadadores.

El animal objeto de las investigaciones es el tiburón Mako, el animal más rápido conocido bajo las aguas, y más concretamente su piel. Investigadores del departamento de Ingeniería Nuclear y Mecánica de Fluidos de la Escuela de Ingeniería de Bilbao consideran que puede tratarse de un ejemplo a seguir a la hora de diseñar materiales artificiales que minimicen el rozamiento en el desplazamiento en el agua.

De modo similar a los peces, la epidermis del marrajo está recubierta por una serie de dentículos dérmicos que son orientables. Esta circunstancia les permite ofrecer menor resistencia en sus desplazamientos subacuáticos. Aparentemente, son como minúsculos dientes que se insertan en la piel, de una gran dureza (son los responsables de la textura áspera de su piel) y cuya resistencia puede ser comparable a la del acero.

Están acomodados de tal forma que apuntan hacia la cola del tiburón, con el fin de reducir la fricción al fluir el agua alrededor de su cuerpo, minimizan el arrastre superficial y maximizan la eficiencia al producir un flujo laminar en la piel. Pero lo más curioso, según los científicos, es que están adaptados tanto en su forma, tamaño o densidad a los requerimientos hidrodinámicos de cada parte del cuerpo del animal.

De este modo, la evolución ha permitido a este animal obtener el mejor rendimiento posible orientándolos de manera diferente en las aletas o morro.

El tiburón Mako (Isurus oxyrinchus) es una de las especies más abundantes de tiburón (prácticamente se encuentran en todos los mares del mundo). Tiene un gran tamaño (la media ronda los cuatro metros y los 700 kilos) y gracias a que mantiene una temperatura corporal a la del medio cuenta con una fuerza muscular descomunal y es capaz de desarrollar grandes velocidades en sus desplazamientos.

Se ha llegado a medir una velocidad superior a los 124 km/hora, lo que lo sitúa como el animal acuático más rápido. Ello se debe a su hidrodinámica, su masa muscular, el diseño de su aleta caudal y al hecho de ser homeotermo. Estas características también le confieren una capacidad de salto fuera del agua fuera de lo común, llegando a alcanzar entre seis y ocho metros de altura.

Eduardo Costas, catedrático de Genética, y Enrique Leite

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