búho

Muchos organismos, desde alguno muy primitivo hasta los más evolucionados como nosotros, estamos sometidos a ciertos ritmos que condicionan el funcionamiento de nuestros órganos y por ende de nuestro cuerpo. A nadie le pasa desapercibido que hay ciertas cosas que se hacen de día y otras de noche, y no me estoy refiriendo por esto último a salir  a tomar copas, sino a dormir.

Parece bastante claro que la luz solar representa una señal que ha estado permanentemente ahí y, por consiguiente, ha sido uno de los elementos físicos más importantes de cara a condicionar aspectos evolutivos que tuvieran que ver con procesos de encendido y de apagado en los organismos terrestres. ¿Sale el Sol? Comienzan unos procesos y se apagan otros. ¿Se oculta el Sol? Igual, se inician unos y cesan otros.

¿Cómo saben esto los organismos? ¿Y quién sincroniza el encendido y apagado de todo? 

En el caso de las plantas, como ya comentamos en una ocasión, saben si tienen que echar hojas, tener flores o madurar sus frutos por una estructura que poseen llamada fitocromo. En el caso de los animales, los ojos son la pieza clave. Lo curioso es que no son las células con las que vemos las cosas las que le dicen al cuerpo si hay luz o no en un determinado momento del día. Los organismos que tienen ojos como los nuestros, pues hay que recordar que hay muchos tipos de ojos, ven los objetos porque en sus retinas, en la parte del fondo del ojo, tenemos unas células llamadas fotorreceptores. Gracias a estas, vemos. Sin embargo, no son las encargadas de decirle al cerebro si es de día o de noche. Son otras células de la retina, llamadas células ganglionares, y en particular solo unas pocas que pueden captar la luz y llevar la información a una región del cerebro muy pequeña llamada glándula pineal.

Cuando hay luz, la glándula pineal esta en pausa; sin embargo, cuando el Sol cae, esta glándula se activa e inicia el proceso de síntesis de la molécula que se encarga de iniciar muchos procesos, como por ejemplo el sueño, y de apagar otros. Esta molécula es la melatonina, de cuyas propiedades ya hemos hablado en otra ocasión. Esta es la molécula clave que va a ser liberada al torrente sanguíneo para que, llegando a todas las partes de cuerpo, pueda controlar todos estos procesos dependientes de la luz a los que se les llama a veces circadianos.

¿Qué pasa si usamos luz artificial? Pues sucede que demoramos todo este proceso y, de este modo, no tenemos sueño a las 7 de la tarde en invierno, que ya es de noche, sino más tarde.

¿Y en los lugares donde hay el Sol de medianoche? Pues tela marinera. Hay que ir acostumbrándose; de hecho, los individuos que viven ahí tienen su organismo adaptado a periodos grandes de luz y de oscuridad, pero si va alguien del sur lo pasa bastante mal y no seria de extrañar que necesitara tomar pastillas de melatonina para ayudar a su cuerpo a tener cierto ritmo circadiano.

En resumen, es sorprendente y francamente cómodo disfrutar de un estímulo, la luz, que inicia y apaga procesos sin la necesidad de que seamos conscientes de su trascendencia. Algo automático, algo que sucede cada 24 horas y sobre todo algo que ha ocurrido 1015 veces… desde que el Sol es Sol y el mundo es mundo.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la Real Academia de Farmacia

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