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Los mal pensados dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Sin dejarnos dominar por ese pesimismo estructural, ciertamente, en ocasiones las soluciones más ingeniosas suelen ser las más sencillas. Y para eso están los ingenieros.

Cuando hablamos del tratamiento de las aguas potables, los sistemas al uso proceden a la limpieza de la turbidez de las aguas tratándolas con floculantes. Es decir, añadiendo a las aguas una sustancia química que permite aglutinar esas partículas en suspensión. Ese floculante, como pesa más que el agua, por simple decantación (ya saben, uno de los efectos de la ley de la gravedad en las aguas) se depositan en el fondo. Y desde allí se procede a su extracción mediante succión o la utilización de las aguas. Este sistema es el utilizado para limpiar las piscinas.

A priori parece un sistema eficaz, pero, todo tiene un pero, resulta lento, ya que hay que dejar actuar a la gravedad, y en estos tiempos en los que vivimos el tiempo es oro, o lo que es lo mismo, resulta más costoso en términos económicos.

Ingenieros de una empresa, Xylem, han dado con una aparente fácil solución: invertir el proceso y conseguir limpiar estos floculantes en superficie en lugar de dejarlos sedimentar. Han desarrollado un sistema de flotación por aire disuelto de alta velocidad (DAF en sus siglas en inglés) que en lugar de esperar a que las partículas sólidas caigan al fondo de las cubetas, lo que en términos económicos alarga el proceso, lo encarece y lo prolonga en el tiempo, permite su limpieza en superficie.

Este método emplea microburbujas que transportan el floculante en forma de partículas a la superficie, donde se procede a su extracción de forma mecánica. Los resultados son asombrosos, se consigue que se multiplique hasta por dos la efectividad en los trabajos de extracción.

Así mismo, con la utilización del sistema Leopold Calir-DAF (así lo han denominado) se mejora “la calidad del agua de vertido y se reduce el coste total de la operación —de depuración—, al utilizar un espacio más reducido”, según Xylem, la empresa gestora del proyecto.

El método ha sido probado con éxito en Penicton, una pequeña localidad turística situada a unos 400 km de Vancouver, al oeste de Canadá. Los sistemas de depuración de agua resultan satisfactorios para atender a la demanda de sus 35.000 habitantes permanentes. Pero los problemas surgen durante los meses de verano, cuando esta ciudad aumenta hasta llegar a los 100.000 el número de sus pobladores, fruto del turismo.

Hace diez años, en 2003, la demanda de agua se aproximó a los límites de su planta de depuración. Urgía poner en práctica una solución que no pasara necesariamente por construir una nueva estación de tratamiento de las aguas y que, al mismo tiempo, solucionara un problema viejo: la turbidez de las aguas de una de sus fuentes de abastecimiento, un arroyo cercano.

El proyecto se inició en 2008 y permite utilizar hasta el cien por cien las aguas del arroyo para satisfacer las demandas de agua durante los meses estivales.

De cuando en cuando, parece que el ser humano pone a funcionar sus neuronas en el sentido adecuado.

Camino Garcia Balboa, química, y Enrique Leite

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