eros

Aunque a algunos se les conquista por el estómago, en la mayoría de nosotros la vista es la que trabaja y en cuestiones amatorias no cabe duda de que es el sentido que más ponemos a currar cuando lo que se trata es de buscar una pareja —ocasional o permanente—.

Y hablando de enamoramientos, lo del flechazo a primera vista es algo que resulta cuando menos interesante…. interesante para estudiar, e incluso para medir. Pues allá va el dato: bastan 8,2 segundos para caer rendidos en brazos de alguien.

Los datos se han obtenido tras una investigación realizada sobre el comportamiento humano y que ha sido publicada en la revista Archives of Sexual Behavior. Para el trabajo de campo fue preciso contar con la colaboración de un grupo de 115 estudiantes que, sin saberlo, fueron vigilados y grabados por cámaras de circuito cerrado que median el tiempo de sus contactos visuales. Lógicamente, se utilizaron actrices y actores como gancho, que la ciencia no está reñida con la simulación a la hora de realizar un experimento.

Tras el receptivo periodo de análisis, llegó el momento de los test. Es decir, preguntarles de todos las personas con las que habían interactuado resultaban más atractivas, tanto a ellos como a ellas. Así resultó que las actrices calificadas como las más atractivas habían soportado miradas escrutadoras por lo menos durante 8,2 segundos mientras que el resto de las chicas apenas habían sido desnudadas por las miradas masculinas de cazador durante menos de cuatro segundos. En cambio ellas, perversas, no realizaban tal patrón selectivo y observaban a guapos y menos guapos durante el mismo tiempo.

Ustedes se preguntarán que qué tiene que ver eso con el amor a primera vista o al flechazo emocional. Yo también. Porque que se sepa, en cuestiones de amor y sexo, los estudiosos siguen buscando el lugar exacto del cerebro donde se aloja este sentimiento o emoción y cuáles son las interacciones hormonales precisas para que surja.

Así que, sin lanzar las campanas al vuelo, lo que parece claro a la vista del estudio es que la vista sigue siendo un elemento diferenciador entre sexos y que mientras ellos utilizan técnicas selectivas a la hora de detenerse en personas que les gustan, ellas no realizan tal discriminación y se fijan por igual ante rostros —o partes del cuerpo— atractivos o ante otros que no resultan tanto.

Está claro que, por mucho que se empeñen algunos, ni somos ni seremos jamás iguales (aunque, evidentemente, tengamos los mismos derechos).

Enrique Leite

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