immortal

La inmortalidad ha sido, a lo largo de la historia, uno de los principales objetivos perseguidos por los seres humanos. Esta necesidad, para muchos vital, y nunca mejor dicho lo de vital, ha abierto la posibilidad de la elaboración de miles de historias y leyendas.

Pero ya sabemos que por mucho que los seres humanos queramos ser o lograr la inmortalidad y por muchas medicinas que inventemos y productos sanos que consumamos, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

Y llegado a este punto, nos encontramos con lo de siempre. El hombre quiere y quiere, pero la naturaleza ya ha hecho ese trabajo… y probablemente mejor que lo que cualquier ser humano hubiese deseado.

La evolución ha hecho que un organismo bastante odiado por los bañistas veraniegos, me refiero a las medusas, hayan encontrado una cierta manera de inmortalidad. Me explico. Existe una medusa denominada Turritopsis nutricula que tiene la extraordinaria propiedad de desarrollarse hasta la madurez para, llegado a un punto, poder transformarse de nuevo en pólipo. Es decir, pasa de ser un organismo inmaduro a ser maduro y después de nuevo a organismo inmaduro. Como el proceso puede realizarse aparentemente un numero ilimitado de veces, podemos considerar que esta medusa es virtualmente inmortal.

Para lograr este fenómeno, la medusa tiene que poseer un grupo de células que por sus propiedades permitan al organismo maduro —es decir, a la medusa tal y como la conocemos, con su campana y tentáculos— volver a ser lo que se denomina pólipo. Para poder lograr el milagro de esta marcha atrás, es imprescindible que las células puedan desarrollar un proceso denominado transdiferenciación. Este proceso, muy de moda hoy en día por otros motivos, permitiría que una célula que no fuese una célula madre (esas que en principio se pueden convertir en cualquier otra) pudiera convertirse en otra célula, en nuestro caso en una célula que diera lugar a un pólipo, la forma inmadura de la medusa.

La verdad es que si este fenómeno se diese en los seres humanos, la vida seria bastante complicada, porque me pregunto, llegado a un punto, ¿cuánta gente desearía volver hacia su inmadurez cuando la vida le sonríe? No cabe duda que habría personas que, poco conformes con sus vidas, decidieran dar marcha atrás para intentar una nueva vida. Aquí se abrirían ya aspectos más éticos y filosóficos que biológicos (suponiendo que pudiésemos controlar este proceso) y pasaría a resultar apasionante ver cómo nuestros hijos tendrían que tener cuidado de nosotros, no porque al envejecer necesitásemos ayuda, como ocurre en la actualidad, sino porque volveríamos a las locuras de la adolescencia y a las necesidades de la edad infantil.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y académico de la RANF

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