TETAS

La verdad es que los hombres ya no saben qué inventarse para que ellas cumplan con el débito. De los más jóvenes a los más adultos, todos recurren a diferentes tácticas para convencer a las contrarias que el sexo solo procura beneficios. Y parece que, como los malos publicistas, recurrir a la ciencia se convierte en un argumento que otorga razones de peso para vencer cualquier resistencia.

Partiendo de la base de que somos de las pocas especies que acuden al sexo con fines puramente placenteros —lo de la reproducción queda para otros capítulos—, nada más sencillo que glosar las teóricas ventajas que tiene el conseguir el orgasmo para las mujeres. Y nada tan convincente para mentes tan frágiles como la de las mujeres como establecer una relación —positiva, se entiende— entre el sexo y la belleza.

Y si no nos creen, échenle un vistazo al estudio Feeling Good is Good for you, realizado por los investigadores Carl Charnetski y Francis Brennan. Todo un glosario de razones por la cual ella será incapaz de decir que no. Basta con glosar lo buena que resulta la acción de una hormona para mantenerse guapa y en forma: la oxitocina. Aunque si no tiene tiempo o dinero para hacerse con el manuscrito, siga leyendo.

Conocida como la molécula del amor, esta sustancia que liberamos desde el cerebro está presente en la mayoría de acciones que acabamos considerando placenteras (incluso ir de compras). Pero como esto no va de conducta ni de comportamiento, sino de belleza, allá va el ramillete de argumentos.

La oxitocina, entre muchos de sus efectos, hace que aumente el flujo sanguíneo, ergo tiene una relación directa con patrones de cuidados físicos que requieren un aumento en el torrente sanguíneo, como por ejemplo gozar de un saludable color sonrosado en las mejillas, labios y en general estira la piel (al aumentar su oxigenación, evita la formación de arrugas).

Del mismo modo, aquellas partes de nuestra anatomía que precisan de un aporte extra de sangre para que luzcan mejor —como el cabello— también se beneficiarán de la liberación de esta hormona. ¿Fascinante? Eso por no hablar de otros incentivos: como por ejemplo, los derivados de practicar ejercicio físico —el sexo representa una actividad cardiovascular saludable—, liberar tensiones —el temible estrés, que no solo nos cansa, sino que nos envejece y nos llena de arrugas— o nos ayuda a descansar —y evitamos aquí glosar todas las ventajas para piel, ojeras y relajación muscular que provoca el sueño—.

¡Vamos! Después de tan sesudas razones, seguro que no queda fémina que se precie que no saldrá corriendo a practicar el acto con el primero que se cruce en su camino…

Camino García Balboa, química, y Enrique Leite

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