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La mayoría de las personas con patología crónica que pasan por las consultas de Atención Primaria precisa, por uno u otro motivo, perder peso. Cuando la cuantía de la que deshacerse alcanza cierta consideración, son necesarias estrategias de cambio a medio plazo, tanto en la dieta como en el estilo de vida. Personalmente, me decanto por la entrevista motivacional, un modelo que busca responsabilizar al individuo en la elección de alternativas. La motivación como probabilidad de que una persona se adhiera a una estrategia de cambio supone superar diversos escollos.

En el caso de las dietas para perder peso, es común observar que, pasado un tiempo, incluso los usuarios cumplidores del régimen ven ralentizado el ritmo de perdida ponderal, con el consiguiente cansancio y desanimo; en definitiva, se desmotivan. En un momento dado, el organismo sufre una adaptación fisiológica que ha sido llevada a estudio por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) para verificar que durante los seis primeros meses la perdida de peso es lineal y es a partir del sexto mes cuando se produce el freno. 

Para llegar a esta conclusión, se tuvieron en consideración la edad, el tipo de tratamiento dietético y el género de los sujetos, y encontraron que la única variable que terciaba de forma relevante en los resultados era el sexo: los hombres consiguieron mayor descenso ponderal que las mujeres en el mismo espacio de tiempo.

Para el examen, reclutaron a 119 voluntarios, con edades entre 18 y 50 años y que tenían entre un 25 y 30% de índice de masa corporal; es decir, sobrepeso. El índice de masa corporal es una herramienta que nos ayuda a conocer nuestro peso ideal gracias a un sencillo cálculo que divide el peso en kilogramos entre la altura en metros al cuadrado. Los protagonistas del ensayo fueron distribuidos en cuatro grupos con diferentes modalidades de adiestramiento físico y dieta adelgazante. El primer grupo realizó entrenamientos basados en la fuerza, el segundo en la resistencia y el tercero llevó a cabo una combinación de fuerza y resistencia. Por su parte, el último grupo siguió una estrategia de restricción dietética con pautas genéricas de ejercicio físico.

Todos los grupos realizaron sus ejercicios tres veces por semana durante 24 semanas y todos los participantes siguieron una dieta limitativa y se les efectuaron mediciones de peso y volumen cada quince días. El análisis demostró que ni el tipo de procedimiento ni la edad eran determinantes, siempre que hubiera restricción alimentaria y ejercicio físico durante un periodo no superior a seis meses,  pasado el cual la reducción se hacia mas lenta. ¿Será este el fundamento de las llamadas dietas milagro?

El paso siguiente será encontrar formulas que expliquen el proceso que sigue el organismo a partir del sexto mes pero, mientras tanto, este trabajo ayudará a los profesionales a considerar nuevas estrategias. “Se podrán hacer predicciones del peso a perder y elaborar programas realistas de intervención”, señala Pedro José Benito, vicedecano de Calidad y Estudiantes del INEF y uno de los autores de la investigación.

De momento, si es usted una de esas personas que fantasea con poner su peso en orden antes del próximo verano, le recomiendo aprovechar los buenos propósitos que siempre acompañan el nuevo año. A partir de enero tendrán un semestre para adelgazar a buen ritmo siguiendo, por ejemplo, la dieta del cucurucho… Ya saben: comer poco y moverse mucho.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

 

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