camuflaje

La vida, además de una lotería, es una continua lucha por la supervivencia. Y para ello, la naturaleza y la evolución dotan a cada especie de una serie de características propias que les permiten evadirse de sus deprededadores. Pueden hacerlo siendo más rápido, detectando su presencia antes —lo que les permite huir— o sencillamente poniéndose un disfraz. Las más llamativas resultan, sin duda, estas últimas, las de camuflaje. Aunque no está nada claro que desaparecer confundiéndose con el ambiente para que los captores no puedan reconocerlos sea la estrategia más adecuada a largo plazo.

Porque en esto del camuflaje, no dejamos de estar en una carrera contra el reloj. Del mismo modo que las víctimas perfeccionan su disfraz y logran ocultarse, permanecer impasible tiene un riesgo: que los cazadores hagan lo propio —aprendan a decodificar esas señales— y acaben descubriéndolas. Y el asunto tiene que ver con la cantidad: si cada vez más animales se camuflan utilizando la misma estrategia, por muy exitosa que resulte inicialmente, lo que están provocando a la postre es darle facilidad a los que salen de caza para poder hacerse con ellas.

Hasta ahora, todos los estudios realizados se centraban en una sola parte de la ecuación, en la parte más débil, y por lo tanto solo estudiaban la mitad del problema. Un grupo de científicos británicos le han dado la vuelta y han demostrado que los depredadores acaban siendo capaces de aprender, de leer los camuflajes. Y para ello utilizaron como conejillos de indias a sujetos humanos a quienes pusieron a buscar mariposas ocultas a través de un juego de ordenador.

La investigación, publicada en Plos One, tenía como objetivo descubrir cuáles son los tipos de camuflaje que resultaban más eficaces: igualarse al fondo, utilizar patrones de distracción para confundirse con otros animales… Y resultó que el valor global de la técnica depende no solo de que sea capaz de evitar ser detectado, sino también de que sea resistente al aprendizaje del depredador.

En este sentido, los experimentos en el laboratorio reflejaron que los mecanismos perceptores de los verdugos son más permeables a los patrones de contraste altos frente a lo que se puede considerar marcas de distracción; es decir, los que inducen a verlos como otros objetos que no son apetecibles para la caza.

Los investigadores, que solo han dado el primer paso en su estudio, concluyeron que precisamente por eso, por la posible facilidad para descifrar los camuflajes, la evolución y la naturaleza hace que cada especie opte por sus propias técnicas, diferenciadas de las que utilizan otras, para poner un poco en dificultades a sus captores.

Por cierto, algo que recomiendan también a los Ejércitos. (Si todos se camuflan del mismo modo acabarán siendo descubiertos antes).

Beatriz Baselga, veterinaria; y Enrique Leite

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