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De momento, ni se agobie ni reserve inmediatamente sus billetes para el próximo vuelo destino Marte. Parece que la vieja Tierra, incluso a pesar de nosotros, nos quiere seguir dando acogida en su seno durante un periodo largo de tiempo… al menos unos 1.750 millones de años.

Como contrato de alquiler no está mal. Sin duda, nos deja un margen de tiempo suficiente como para poder cambiar, evolucionar o sencillamente buscarnos otros mundos que destrozar. Eso al menos es lo que han calculado un grupo de astrobiólogos del Reino Unido. Ahora bien, hay que matizar que este cálculo está hecho en base la posibilidad de que haya agua líquida en la superficie en base a la distancia del Sol y de las temperaturas que pueda soportar.

Según los cálculos que han realizado, los investigadores estiman que el “ambiente se volverá irrespirable”; o sea, que nos quedaremos sin agua en algún momento concreto dentro de entre 1.750 y 3.250 millones de años. Cuando esto ocurra, será porque hemos entrado en la zona caliente del Sol y, literalmente, los mares se evaporarán y con ello cualquier posibilidad de vida —salvo rarezas de la evolución, que siempre es capaz de sorprendernos—.

Pero no se me vuelvan optimistas, que aunque los científicos determinen que para entonces desaparecerá la vida, nuestro turno llegará mucho antes. Los organismos complejos difícilmente sobreviviremos a pequeños aumentos de temperaturas, algo que a este ritmo de calentamiento global lo conseguiremos en breve —apenas unos centenares de años—. Para ese tiempo, apenas serán unos pocos microbios los que moren en el planeta.

Los investigadores, que para eso son científicos, deducen que incluso sin esa colaboración desparecemos mucho antes. Es cuestión de hacer un simple viaje en el tiempo para comprobar que nuestra existencia se reduce apenas a un 25% de la vida útil de la Tierra. Para que se desarrollara un ser vivo tan complejo fue necesario un periodo de evolución muy largo, para pasar de organismos unicelulares a un complejo sistema pluricelular dotado un cierto grado de inteligencia.

Pero salvemos este pequeño escollo y centrémonos en las condiciones de habitabilidad, que aparentemente son más objetivas. Según la observación y el estudio, de los otros mundos que conocemos a día de hoy, parece que no existe ninguno cercano, salvo Marte, que tenga las condiciones de habitabilidad que permitan el desarrollo de vida tal y como la conocemos actualmente. Habría que explorar el universo a diez años luz de distancia.

Así que, en función de estas previsiones, más nos vale conservar lo más que podamos nuestros ecosistemas, a ver si con un poco de suerte, entre tanto, descubrimos un lugar donde podamos hacer la mudanza.

Camino García Balboa, química, y Enrique Leite

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