sleep profundo

Ser un dormilón nunca ha gozado de una buena prensa, a pesar de los repetidos estudios que inciden en la importancia del buen dormir en nuestro bienestar: a nivel estético, un auténtico tratamiento de belleza para la piel; a nivel metabólico, como supresor de los genes de la obesidad y a nivel neurológico, optimizando el proceso creativo o afianzando nuestros recuerdos. Y si no, echen mano del diccionario: vago, gandul o perezoso son algunas de las perlas con las que nombramos a los que duermen como lirones.

Cuando abandonamos la infancia, en la adolescencia, se produce un cambio en el ritmo circadiano de nuestro cuerpo. Ese reloj interno experimenta, según algunos estudios, un reajuste temporal, indicando a los jóvenes que se duerman más tarde. Muchos no recuperamos el hábito del sueño precipitándonos en una espiral vital marcada por horarios y preocupaciones que configuran la vida adulta.

Lo que quiero decir es que en la sociedad moderna occidental no existe una auténtica cultura del sueño. Los científicos también han cuestionado el papel evolutivo de este estado de estupor que deja a las especies animales en manos de oportunistas depredadores. ¡Hasta ahora! 

Investigadores de la Universidad de Rochester (EE UU) aseguran haber despejado la incógnita, la razón última de para qué se duerme. Según el estudio, publicado en la revista Science, durante el sueño el cerebro realiza un proceso de eliminación de residuos, fruto de la actividad neuronal, acumulados durante la jornada. Maiken Nedergaard, autora principal del artículo, sentencia: “Dormimos para limpiar el cerebro”.

El cerebro de ratón, muy similar al nuestro, fue el protagonista del experimento. En su interior encontraron una red de tuberías situadas en los vasos sanguíneos del cerebro por donde circula el líquido cefalorraquídeo. Este fluido es el encargado de lavar los desechos encontrados y conducirlos al torrente circulatorio desde donde desembocarán en el hígado, víscera encargada, entre otras cosas, de descomponer y eliminar las sustancias dañinas. Del mismo modo que nuestro sistema linfático se deshace de los desperdicios celulares del organismo, mientras dormimos, los científicos descubrieron un procedimiento similar en nuestro cerebro al que denominaron “sistema glinfático”.

Este examen, impensable hace unas décadas, cuando el cerebro era el gran desconocido, ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la imagen, como la microscopía de fotones que permitió comprobar cómo durante el sueño las células del cerebro se contraían hasta un 60% dejando mayor espacio entre ellas y permitiendo, de este modo, la libre circulación de este agente limpiador en el espacio cerebral. Sin embargo, en el cerebro despierto las células dilatadas limitan este flujo y la higiene pierde eficacia.

Entre las sustancias de desecho a recusar se encuentra la proteína β-amiloide, principal componente de las placas seniles o depósitos hallados en el cerebro de pacientes aquejados de alzhéimer y otros trastornos neurológicos. El examen demostró que, al dormir, el sistema glinfático incrementa su actividad descartando mayor cantidad de beta-amiloide.

Si dormir mejora nuestra memoria y durmiendo retiramos de nuestro cerebro la porquería de uno de los componentes responsables de la enfermedad del olvido, yo me pregunto: ¿será dormir bien una medida preventiva contra estas demencias? Mucho recorrido queda hasta comprender cómo se activa este sistema de limpieza hasta conseguir que funcione de forma más eficaz. Entre tanto, ya podemos colgar, al meternos entre sábanas, el cartel: “Por favor, ¡no pasar! Estamos limpiando. Disculpen las molestias”.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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