mantita sueño 

No sé si os pasará a vosotros, pero si me quedo dormido después de comer, así como quien no quiere la cosa, siempre al despertarme tengo una intensa sensación de frío. Por eso, si me doy cuenta de que me estoy quedando dormido, me echo una mantita y todo sale a pedir de boca.

Pero, ¿qué pasa con el sueño y el frío?  ¿O qué pasa con el frío y el sueño?

Empecemos por la segunda. No sé si habréis tenido la sensación de que cuando hace frío nos puede entrar ganas de dormir… y de orinar. ¿Quién no ha escuchado eso de “me meo de frío”? 

Bien, como respuesta a la temperatura baja, los vasos sanguíneos se constriñen para conservar el calor de modo que menos sangre fluye a todas las partes del cuerpo. Este hecho incluye que el cerebro reciba menos sangre. Como consecuencia de esto el cerebro disminuye su estado de alerta, por lo que resulta más fácil quedarse dormido.

Vamos con el frío y el sueño. Todos tenemos un reloj biológico que funciona las 24 horas del día. Este reloj controla muchos procesos del cuerpo, incluyendo la temperatura corporal. La temperatura corporal de la mayoría de las personas fluctúa alrededor de medio grado a un grado a lo largo de un día completo. Es más alta en la noche y más baja en la madrugada, poco antes de la hora a la que normalmente despertamos. Este reloj de temperatura seguirá funcionando incluso si uno se queda despierto toda la noche, causando que se sienta frío en el momento en que también uno estaría más fatigado. Así que el cansancio y la temperatura siguen el mismo patrón. La excepción está en los trabajadores del turno de noche y otras personas que siguen un horario regular para permanecer despiertos toda la noche y duermen todo el día. Sus ritmos circadianos se han acomodado para adaptarse a su horario.

La razón de esta subida y la caída de la temperatura puede tener que ver con el nivel de energía. El cuerpo está más caliente cuando se necesita estar despierto y excitado, y se enfría cuando se necesita dormir o cuando se tiene menos energía. Además, hay otro aspecto relevante. La postura también tiene un efecto notable en la temperatura del cuerpo de modo que el cuerpo se vuelve más frío cuando uno se coloca horizontalmente, y más caliente cuando se está en posición vertical.

Mi impresión de todo esto es que si me echo la siesta, el motivo fundamental por el que tengo frio va a ser la posición horizontal. En esta posición el flujo sanguíneo es probablemente menor y por consiguiente tendré frío. Si me acuesto de madrugada, porque vengo de “por ahí”, el frío se deberá no solo a la postura, sino también al momento de mi reloj biológico.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y Académico de la RANF

Anuncios