kalúa esperando que le den su comida

Kalúa esperando que le den su comida

Cuando presenciamos cómo dos perros que iniciaron un encuentro meneando vigorosamente el rabo pasan, sin mediar gruñido, del saludo al ataque,  la escena suscita entre los presentes una perpleja exclamación: “¡Pero si está moviendo el rabo!” Los propietarios, que nos jactamos con frecuencia de ser expertos conocedores del lenguaje corporal con el que nuestros amigos nos comunican sus emociones, reconocemos en el movimiento de la cola una actitud amistosa. O eso creíamos, ya que al igual que ocurre con los gatos, este lenguaje de la cola esconde matices.

Según investigadores del Centro Mente y Cerebro de la Universidad de Trenti (Italia), el movimiento de la cola de los perros responde a  un sentimiento que manifiesta lo que ocurre en su cerebro. El estudio comenzó hace seis años con objeto de comprobar si los papeles que el hemisferio derecho y el izquierdo del cerebro juegan en las emociones de los perros son los mismos que en los humanos.

Nuestro hemisferio izquierdo se asocia con sentimientos como el amor o la tranquilidad y los músculos del lado derecho de la cara, controlados por este hemisferio, son los encargados de reflejar estas expresiones. Por el contrario, el hemisferio derecho se asocia con el temor o la depresión y sus músculos correspondientes reflejan insatisfacción. Esta diferencia funcional entre ambos hemisferios se conoce como asimetría cerebral.

Los investigadores comprobaron que la dirección que sigue el movimiento de la cola es el resultado de la activación de cada uno de los hemisferios cerebrales. Así, al activarse el hemisferio izquierdo del cerebro por emociones positivas, como la presencia de los dueños o de un plato de comida, la cola se menea hacia el lado derecho del trasero. En consecuencia, una emoción non grata, como encontrarse, por ejemplo, con un acérrimo enemigo, activará el hemisferio derecho y el movimiento cobrará intensidad hacia la izquierda.

Tras este descubrimiento, quedaba comprobar si estas asimetrías también se detectaban ante sus congéneres; es decir, si eran capaces de reaccionar a  emociones expresadas por otros perros.

Para desarrollar esta hipótesis, mostraron a perros de diferentes razas una serie de vídeos que contenían imágenes de sus semejantes moviendo el rabo hacia ambos lados y analizaron su respuesta. Es decir, utilizaron el método indirecto, ya que no se produjo ningún registro de actividad cerebral. Si la imagen mostraba un perro menando el rabillo hacia la izquierda (hemisferio derecho, emoción negativa), los animales comenzaban a sentirse ansiosos y les aumentaba el  ritmo cardiaco. Por el contrario, cuando los perros de la pantalla movían la cola a la derecha (emociones positivas del hemisferio izquierdo), los espectadores se quedaban relajados. Es decir, la dirección en la que menea la cola un perro desata en el animal que lo mira una respuesta emocional equivalente a la observada.

Los investigadores no consideran que nuestras mascotas intenten comunicar a sus colegas de que humor están, más bien deducen que estos movimientos diferenciados de cola son fruto de una respuesta automática de la activación del hemisferio cerebral concerniente.

El neurocientífico y uno de los autores del estudio Giorgio Vallortigara señala que este descubrimiento podría ser eficaz en la práctica veterinaria utilizando la estrategia de acercarse desde la izquierda o la derecha a los animales.

Mientras escribo este artículo, mi perrita me contempla con sus orejas tiesas y su sonrisa suelta y yo intento discernir hacia dónde contonea el muñón que, fruto del capricho, de la naturaleza o humano, es lo único que conserva de su apéndice trasero. El resultado es concluyente: Kalúa es diestra de intenciones.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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