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El día en que la naturaleza nos pase factura en concepto de derechos de autor, en Más que Ciencia dudamos que la Humanidad tenga el suficiente capital para abonar sus emolumentos. Nos preciamos de ser los más listos y, sin duda, parte de nuestro éxito se debe a nuestra capacidad de copiar —para que andemos haciendo mofas de los pobres japoneses o chinos—.

Otros prefieren llamarlo inspiración, pero lo cierto es que los modelos de animales y plantas que han conseguido desarrollar a golpe de siglos de evolución forman parte en la actualidad de los elementos básicos en las mesas de diseño. Y por mor de no hacer demasiado prolijo el relato del legado que altruistamente nos ceden los organismos vivos, nos detenemos en la última ocurrencia de los inteligentes humanos: estudiar a las laboriosas abejas y desentrañar los misterios de cómo logran mantenerse en el aire en condiciones meteorológicas adversas. Lógicamente, intentan aplicarlo para el futuro diseño de aviones.

Sin duda, de las técnicas de determinados insectos para seguir volando o quedarse suspendidos en el aire mientras trabajan cuando soplan vientos huracanados —a favor o en contra— tenemos mucho que aprender. De eso trata una investigación publicada en la revista británica Journal of Experimental Biology.

Los resultados revelan que las abejas reducen su velocidad cuanto más inestable es el viento y esa energía que se ahorran la dedican a corregir la dirección del vuelo. Para ello bastó reproducir su comportamiento en una cámara de viento, donde el equipo de investigadores corregía a su voluntad la intensidad y velocidad del mismo.

Ahora, una vez descubierta la técnica, lo que queda es sencillo: mejorar el mecanismo y buscar su aplicación futura para el diseño de futuros aviones que resulten más estables y, cómo no, que detengan su vuelo, aunque todavía queda alguna pregunta sin resolver como, por ejemplo, el modo en que logran esa estabilidad cuando llevan carga de polen.

Pero eso es harina de otro costal. Harán falta todavía unos cuantos años de investigación para patentar el ingenio… y alguno se hará millonario, una vez más, gracias a esos pequeños insectos que, ajenos al plagio, seguirán durante años evolucionando —cambiando— para sobreponerse a las amenazas (eso, si antes no acabamos con ellas).

 Beatriz Baselga, veterinaria

 

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