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A pesar de que el romper de las olas frente al acantilado resulte un sonido y una imagen relajante, lo cierto es que no a todos les gusta el olor a mar. Sobre todo algunos, los de aguas más cálidas y al mediodía. Porque no todo el agua salada huele igual, y desde luego, no a todas horas.

Normalmente, cuando aprieta el calor al mediodía es cuando más podemos percibir ese desagradable olor. El responsable es una sustancia que se acumula en el interior del filoplancton, el dimetilsulfoniopropionato (DMSP).

Ahora, gracias al Instituto Australiano de Ciencias Marinas (AIMS) sabemos que también lo producen los corales. Una nueva vía de investigación que ha descubierto que es el primer animal que lo produce y le sirve para protegerse del aumento de temperatura de las aguas que está provocando el calentamiento global.

El DMSP es un compuesto químico muy conocido por los oceanógrafos. Se trata de una sustancia sulfurada muy abundante en el interior del filoplancton. Cumple una función defensiva —protectora— de los tejidos, ya que protege las proteínas y la membrana plasmática del plancton. Asimismo, actúa como protector ante la radiación solar.

Los resultados de la investigación han demostrado que los corales también son capaces de producir este compuesto cuando la temperatura del océano aumenta. Esta producción se produce sobre todo a las horas del mediodía, cuando aumenta la radiación solar. Gracias a sus emisiones son capaces de crear una especie de envoltorio —de capas— alrededor de las colonias coralinas que las protegen. Esta atmósfera permite reflejar hacia la superficie la acción de los rayos solares, un hecho que contribuye a evitar un aumento de la temperatura y, con él, un mayor calentamiento del mar.

De este modo, los corales se protegen de la decoloración o blanqueamiento que provoca esa subida de las temperaturas, que los acaba condenando a su desaparición.

Aun así, los investigadores australianos advierten de que si se sigue sometiendo a las barreras coralinas a “situaciones estresantes” (emisiones de C02), la capacidad de producción de DMSP no será lo suficientemente rápida y en la cantidad suficiente para escapar a la muerte que provoca el aumento de la temperatura global de los océanos.

La Gran Barrera de Coral en Australia, que alberga 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 variedades de moluscos, comenzó a deteriorarse en la década de 1990 por el doble impacto del calentamiento del agua del mar y el aumento de su acidez debido a una mayor presencia de dióxido de carbono en la atmósfera. Diferentes estudios aseguran que a lo largo de los últimos treinta años, la Gran Barrera ha perdido el 50% de sus corales, una pérdida que puede llegar al 80% en algunos arrecifes del mar Caribe.

“Teniendo en cuenta la disminución de los corales debido a factores de estrés antropogénico, estamos ante el peligro de que con ella se pueda desestabilizar aun más la regulación del clima local y acelerar la degradación de esta importante y diverso ecosistema”, concluye uno de los investigadores.

Camino García Balboa y Enrique Leite

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