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La testosterona es una hormona que además de ayudar a mantener el deseo sexual se encarga de fortalecer los huesos y los músculos. Este es uno de los motivos por los que los y las amantes de los gimnasios consumen esta sustancia, para incrementar su masa muscular y así tener unos cuerpos más fornidos.

En contra de lo que pudiera parecer, no se trata de una hormona exclusivamente masculina; las mujeres también la segregan, aunque en menor proporción. Mientras que en los varones la producen principalmente los testículos, en las mujeres lo hacen, como digo en menor proporción, los ovarios. Ahora bien, entre el personal femenino un nivel demasiado elevado de esta hormona, bien por cuestiones patológicas o por temas vigoréxicos, potencia aspectos masculinizantes como la aparición de vello, cambios en el tono de voz, por no comentar otros de índole más delicada…

Ya sabemos que los excesos se pagan. Aunque abordando el tema de la testosterona,estamos ante la excepción que confirma la regla. Un artículo publicado en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism revela que los hombres con niveles bajos de testosterona pueden tener un riesgo ligeramente mayor de desarrollar o morir por enfermedades del corazón en comparación con los hombres con los niveles más altos. En general, los niveles bajos de testosterona pueden desencadenar cambios metabólicos que conducen a un aumento de la grasa corporal y adelgazamiento muscular y por supuesto disminución del deseo sexual.

En el mencionado estudio, en el que se valoran los resultados de numerosos trabajos científicos que van desde el año 1970 hasta la actualidad, solo se puede afirmar que existe riesgo cardiovascular en los varones por la caída en los niveles de la hormona. Los científicos no han hallado todavía el porqué; es decir, los investigadores no tienen datos suficientes para especular sobre por qué los niveles de disminución de la hormona pueden contribuir a la enfermedad cardíaca.

Algunas ideas existen en la comunidad científica al respecto. Por ejemplo, se sospecha que el cambio de los niveles de testosterona podría generar coágulos sanguíneos que de algún modo pudiesen conducir a la aparición de ritmos irregulares del corazón y anomalías cardíacas más graves.

Por consiguiente, no parece mala idea incrementar un poquito los niveles de testosterona llegada cierta edad, ya que además de contribuir a una vida sexual más apetitosa, puede mantener el tono muscular más firme y los riesgos cardiovasculares a raya.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

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