violencia

No todo lo que pasa en el planeta tiene que ver con el cambio climático provocado por el efecto invernadero, aunque si miramos detenidamente encontraremos que detrás de la mayoría de los sucesos está la intervención —irresponsable— de la mano humana. Pero, sin duda, uno de los elementos claves para explicar la evolución de la vida en la Tierra tiene que ver con modificaciones que ocurren en el contexto, en los tradicionales hábitats, que hacen que determinadas especies se aboquen a la extinción o posibiliten la supervivencia de los especímenes mejor dotados.

Todos estamos habituados a vivir en determinados contextos, y en el caso concreto de los nuestros, estas pequeñas variaciones pueden acarrear nuevos comportamientos. O dicho de otra manera, el clima en el que estamos acostumbrados a soportar la existencia marca rasgos distintivos de nuestro carácter: los sociólogos sociales definen claramente estos mapas en función de la latitud —y lógicamente también de la cultura— donde nos haya tocado desarrollarnos.

Y dentro de esa caracterización, parece que existe una variable que íntimamente se relaciona con los cambios de temperatura: el calor afecta a las relaciones humanas y lo hace incrementando la violencia. Exactamente, a subidas de las temperaturas no naturales se produce un aumento de los conflictos sociales y la violencia. 

El estudio, realizado por investigadores norteamericanos, establece que el clima terrestre afecta a nuestras relaciones más de lo que se pensaba y las estadísticas resultan bastante concluyentes: los episodios de violencia doméstica aumentaron coincidiendo con las sequías de las últimas décadas que han sufrido en India o en Australia, o el índice de criminalidad en EE UU aumentó durante la ola de calor que afectó al continente durante 2012.

El análisis, más allá de los datos estadísticos recientes, también analizó otros periodos de la Historia de la Humanidad, estableciendo los siguientes y preocupantes ratios: el aumento la violencia personal se cifra en un 4% y el grado de conflictos sociales (guerras) es un 14% mayor.

Siempre se ha comentado que tras una revolución social encontramos el fenómeno del hambre y que el estallido de las mismas siempre viene precedido de un periodo de hambruna o de escasez de recursos. Es decir, la presión sobre los ecosistemas lacera la lucha por la supervivencia.

El estudio, riguroso pero simplemente descriptivo, tan sólo aporta datos en una curva histórica, pero no pretende obtener conclusiones. Ahora bien, enfrentarnos con un hecho probado, la interacción entre cambios en el clima y la violencia, puede ser la piedra de toque para la reflexión y para comenzar a tomar medidas.

Si este aumento de la agresividad sucede de manera natural, ¿qué podría pasar si de manera irreflexiva seguimos empeñándonos en aumentar la temperatura del planeta, por ejemplo dos o tres grados? ¿Estaríamos ante los albores de una evolución negativa que nos convirtiera en todavía más violentos?

Eduardo Costas y Enrique Leite

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