brazos cruzados

Cruzarse de brazos es una expresión que nos indica que alguien se desentiende de algo. Para los expertos en comunicación no verbal, significa que nos encontramos a la defensiva, ya sea durante una conversación o en una situación social. Una tendencia natural que adoptamos, una especie de pose que nos protege frente a las amenazas, que nos da seguridad. Sin entrar a cuestionar estas teorías ni restarles validez —son explicaciones que se sustentan en la observación minuciosa de la gente—, la otra ciencia nos aporta una perspectiva —o uso, si lo prefieren— diferente sobre esta postura tan característica de los humanos.

Recientemente, investigadores británicos se han dedicado a estudiar las reacciones cerebrales que se producen cuando ponemos brazo sobre brazo sobre nuestro pecho. Y la conclusión resulta bastante curiosa: engañamos al cerebro, lo confundimos, en la manera en que percibe la sensación de dolor.A través de técnicas tomográficas y de encefalogramas, este grupo de científicos realizó un viaje por el cerebro para ver qué circuitos se activaban cuando un grupo de sujetos era sometido a una serie de prácticas dolorosas, como un pequeño bombardeo con rayos láser. Y pudieron comprobar cómo los circuitos del dolor eran menos intensos cuando los sujetos habían cruzado los brazos sobre la parte superior del cuerpo. Una estrategia que se volvía especialmente efectiva cuando los golpes eran recibidos en las manos.

Según los autores del estudio, la explicación tiene que ver con la actividad de los dos hemisferios del cerebro.“Cuando cruzamos los brazos, los dos mapas no se activan simultáneamente, y el procesamiento de la información sensorial se vuelve menos efectivo, incluyendo el dolor, que se percibe con menos intensidad”.

Para algunos, seguro, no se trata de nada nuevo, y pueden aducir que determinadas corrientes de pensamiento hablan desde hace tiempo del control del dolor a través de la meditación o de técnicas similares… Lo único que pretenden estos investigadores es confirmar por el camino más ortodoxo que el cerebro también resulta sugestionable y controlar nuestras emociones es, básicamente, una cuestión que tiene que ver con activar determinados circuitos neuronales. Lo que a la larga se puede traducir en el desarrollo de nuevos tratamientos o terapias que alivien el dolor utilizando la vía de confundir al cerebro.

Como decía aquel, todo esta escrito en nuestra mente.

Enrique Leite

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