hechizo love

Así como la bioquímica del amor, con su brebaje hormonal, forma parte de la estrategia de la naturaleza para favorecer el éxito reproductivo, la fidelidad, que protege a las crías de crecer sin padre, es producto de otro cóctel molecular. Esta es la conclusión que la ciencia, tras desentrañar los misterios del amor físico o atracción animal, si lo prefieren, ha concluido sobre la monogamia. Y es que parece que  la pócima milagrosa que convierte a las mujeres en las más deseables entre las deseadas ha llegado ¿Magia negra? ¿Blanca? No. Oxitocina.

Producida de forma mayoritaria en los núcleos paraventricular y supraóptico del hipotálamo, la oxitocina, palabra de procedencia griega que significa “parto rápido” se libera en situaciones de amor y calma, Además de  regular el ritmo del nacimiento, facilitar la lactancia por succión y estar presente en la excitación sexual y en los orgasmos  de hombres y mujeres, incrementa la confianza, la empatía y la generosidad. Y ahora también  hace que  seamos, para nuestros consortes, las más guapas del reino.

Todo comenzó hace unos años cuando unos científicos se propusieron  transformar en devotos compañeros a los donjuanescos ratones de la pradera mediante una  serie de sofisticadas conjugaciones de dos hormonas, oxitocina y vasopresina, con sus correspondientes receptores. Tras varios experimentos, el último trabajo de la Universidad de Bonn descubre que la oxitocina inhalada, desata en los hombres  un interés creciente por sus parejas, transformándolas, en las mas atractivas de entre las féminas.

Para ello, los investigadores mostraron fotografías de varias mujeres, conocidas y desconocidas, a un grupo de hombres heterosexuales con pareja que habían ingerido el compuesto en aerosol.  Al medir la reacción experimentada comprobaron que en el núcleo accumbens (NACC) izquierdo del cerebro, la neuronas echaban chispas ellas solitas, solo con mirar el rostro de la parienta. Este órgano que se encuentra en los ganglios basales  forma parte del sistema de recompensa, el culpable de que desarrollemos conductas en respuesta a hechos placenteros.

Además, los niveles de oxitocina actúan sobre  la formación de vínculos de apego  e influyen en la producción  de la hormona de la alegría, la dopamina, encargada de este sistema hedónico. Aquí podría estar el quid de la cuestión que inclinaría a los varones a mantener una relación monógama. Las hormonas hacen un nudo gordiano y desarrollan en el organismo los mismos procesos químicos que se producen ante una adicción. Esta gestión del sistema de recompensa puede estar también detrás del síndrome de abstinencia que sienten muchas personas tras una ruptura amorosa, que se lleva, entre otras cosas, esas amables sustancias que produce nuestro cerebro.

Ya ven señoras hemos encontrado el hechizo de amor. Nada dice el estudio sobre la cantidad de besos, sonrisas, abrazos y sexo que los participantes disfrutaron  antes de tomar el chute de oxitocina. Digo yo que cultivar su producción espontánea con situaciones placenteras será igual de efectivo. Así que ya saben. ¡A subir la oxitocina de su santo que esta en juego la cornamenta… y la autoestima!

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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