Pareja de titís espera su turno para hablar. Foto de Darío Sanches

Pareja de titís espera su turno para hablar. Foto de Darío Sanches

 

Hay pocas cosas tan poco edificantes como intentar escuchar una tertulia en televisión —al menos en España—. Con independencia de que resulta poco comprensible —y creíble— el que haya ciudadanos que sean capaces de pontificar al mismo tiempo sobre la última crisis internacional, las soluciones a la falta de liquidez de la economía o cómo podría haberse evitado técnicamente el último accidente ferroviario, no lo es menos intentar descifrar un discurso entre el guirigay de voces entremezcladas de los entusiastas y sabelotodos contertulios.

Alguien decía que nuestro país es una nación de voces iracundas donde el grito se abre paso en las conversaciones. Y a aquellos que gritan, más les valdría aprender algo de nuestros primos menos evolucionados. El tití común, una especie de mono originaria de Brasil, es capaz de departir educadamente, sin interrumpirse y mostrando silencio y respeto cuando les habla un semejante. Unas pautas de conducta que, según los etólogos, son propias de los animales sociales evolucionados.

Parece ser que han desarrollado esta cualidad al mismo tiempo que sus sentimientos de pertenencia a una comunidad o a un grupo, y que esa muestra de respeto forma parte de su voluntad de permanencia en el mismo (les gusta comunicar más allá de advertencias a otros sobre la propiedad de un territorio o ver quién conquista a la dama), lo que les obliga a desarrollar unas mínimas pautas de autocontrol y respeto para desarrollar su conversación.

Durante la investigación, el grupo de biólogos pudo comprobar cómo un grupo de titís aislados —solo se podían escuchar pero no mantenían contacto visual— mantenían diálogos entre ellos sin interrumpirse. Esperaban pacientemente a que terminara el parlamento del contrario antes de iniciar el suyo (al menos, ejecutaban una pausa de cinco segundos).

Eso quiere decir, básicamente, a su juicio dos cosas: que cuando en la comunidad existen ocupaciones más importantes que demostrar quién es el más fuerte —estos monos se ocupan colectivamente de la crianza de sus cachorros— y cuando se desarrolla un lenguaje exclusivamente verbal —al margen de los gestos— los seres vivos evolucionan hacia modelos de comportamiento inteligente… Todos, menos los tertulianos, que avanzan en sentido inverso a las agujas de la evolución.

Lara de Miguel Fernández, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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