wahle jorobada

Por el momento, reservábamos el papel de imitadores de las voces humanas a los loros. Por otra parte, los estudios sobre la inteligencia de determinadas especies —sean domésticas o no— abren nuestro campo de miras y les concedemos cierta capacidad bien para generar empatía o bien para desarrollar un código de comunicación propio y evolucionado: un lenguaje.

Lo que no cabía en nuestra mente —hasta ahora— era la posibilidad de que una ballena diera órdenes imitando nuestra voz. Eso le pasó a un buzo en los Estados Unidos. Andaba el hombre faenando cuando escuchó una orden para que saliera del tanque donde estaba sumergido. Pero nadie —humano, se entiende— había cursado la orden. Estos hechos sucedían en la Fundación Nacional de Mamíferos Marinos de San Diego.

Los científicos, que ya habían notado la presencia de sonidos extraños en los tanques que albergaban a delfines y ballenas, se pusieron manos a la obra y detectaron mediante una sonda que el improvisado capataz era una ballena beluga,un ejemplar macho de nombre Noc, que estaba acostumbrado a convivir con humanos.

Al grabar al animal, los investigadores descubrieron que era capaz de mantener un ritmo similar al del habla humana y emitir sonidos con una frecuencia varias octavas más bajas que los habituales sonidos que emiten cuando se comunican entre ellas. Es decir, que por imitación modificó su mecánica vocal.

Los expertos en ballenas consideran a las belugas como una especie muy sociable, a la que le gusta establecer contactos directo con nosotros y que se esfuerza por granjearse nuestra amistad. También conocidas como ballenas blancas, suelen ser de las pequeñas en su especie (entre 4 y 6 metros), carecen de aleta dorsal y viven en pequeñas comunidades. Son unos comunicadores muy activos y su lenguaje pasa por la emisión de silbidos, chasquidos y repiqueteos.

Estas ballenas frecuentan habitualmente las aguas de las costas del océano Ártico, aunque también están presentes en regiones subárticas. Cuando el mar se congela, migran hacia el sur en grandes grupos.

La investigación, que comenzó hace unas décadas, se ha hecho pública ahora, cuando Noc ha dejado de estar entre nosotros.

Así que si es de los aficionados a zambullirse en el mar, sepa que además de los cantos de sirena puede que a la vuelta de la esquina le seduzca una voz procedente de las profundidades marinas. Acuda sin miedo, que si se trata de una ballena lo más normal es que pretenda hacerse amigo suyo.

Camino García Balboa, química, y Beatriz Baselga, veterinaria

Anuncios