mosquitoolor

Seguimos a vueltas con los mosquitos y sus curiosos hábitos… Esos colegas que no se separan de nosotros y que nos ayudan a desprendernos de nuestros excedentes de sangre. Si no fuera porque transmiten enfermedades tan graves como la malaria, el paludismo, el dengue o la fiebre amarilla, entre otras, no dejarían de ser una simple anécdota, molesta pero menor, en nuestra existencia.

El caso es que aunque en el acerbo popular no se los considera como animales nocturnos, lo cierto es que lo son y tanto o más que los murciélagos o vampiros. Los científicos, curiosos ellos, los analizan con lupa y hace poco han llegado a una conclusión: trabajan de noche porque es durante este periodo cuando afinan su olfato y son capaces de reconocernos mejor (o sea, una cuestión de eficacia). Porque en ellos, en los insectos, no es tanto el sentido del gusto, sino el del olfato, el que les determina cuáles son las piezas más apetitosas. 

En general, obtienen información de su entorno a través de la percepción de sustancias químicas que son transformadas en señales a su cerebro y que guían sus actos. Los insectos cuentan con receptores sensoriales que se concentran básicamente en la cabeza, donde tienen las antenas, en la boca y en las patas. A través de ellos perciben los olores, los sabores, sonidos y la más variopinta información. Sin su poderoso olfato, los mosquitos —y las moscas— serían incapaces de percibir nuestro olor y acercarse a nosotros a darnos su bienvenida. Y esto es posible porque en sus antenas segregan una serie de proteínas, conocidas como receptores odoríferos, que los guían hacia sus presas. Es decir, a través de un proceso químico, estas proteínas son capaces de reconocernos.

Las investigaciones más recientes, revelan que estas proteínas funcionan mejor por la noche que durante el día y de ahí su mayor actividad nocturna. Estudiando los hábitos a lo largo de las 24 horas del día del mosquito responsable de la propagación de la malaria, el Anhopheles gambiae, y en concreto este grupo de proteínas, han comprobado cómo durante los periodos de noche las producen en mayor cantidad que durante el tiempo de luz solar, donde su estructura de producción de proteínas se ocupa de otros asuntos que no sean el procurarse comida.

La especialización forma parte de la naturaleza y de los mecanismos evolutivos que desarrollan todos los seres vivos para sobrevivir. En este caso, conocer cómo funcionan y cómo organizan sus sentidos nos puede ayudar a los humanos para protegernos de sus picaduras, sobre todo, como decíamos al inicio cuando se trata de insectos que propagan enfermedades tan peligrosas como la malaria.

Y de modo general, aprender cómo funcionan nos ayudará a comprender el porqué del cariño que nos han tomado: cuestión de química, ya saben.

Camino García Balboa, química

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