sonrisa

Reconozco que soy de esos pervertidos que disfrutan de la relectura de los cuentos infantiles. No hace mucho, al toparme con un viejo ejemplar del relato, sentía una envidia insana de la ilustre fregona Cenicienta y su legión de animalillos costureros y constructores que convivían con ella. El sueño de cualquiera —sobre todo si es un redomado vago—, encontrar a un animalillo animoso y dicharachero que te quite las tareas más ingratas y trabaje por ti.

En parte, la biotecnología se ocupa de ello. No solo busca modelos en la naturaleza que poder copiar o aplicar en mejorar nuestro bienestar, los biotecnólogos también se afanan en encontrar bichitos que hagan las tareas sucias… en el hogar, fuera de él y también para mejorar nuestra salud.

¿Se imaginan un mundo sin caries? Pues es posible. Existe una bacteria —inocua, por otra parte— que crea a su alrededor un escudo de protección que no permite que a su lado crezcan otros microorganismos, como son los causantes de las caries.

Hasta ahora, el Streptococcus dentisani desarrollaba su labor ajena al mundanal ruido, pero hete aquí que un grupo de investigadores, valencianos por más señas, ha dado con su pista y ha descubierto su modus operandi: secretar una sustancia que convierte su territorio en intocable para otros organismos; pacientemente, elabora a su alrededor una zona de protección con una sustancia especial que no deja crecer a las bacterias que provocan el deterioro de nuestros dientes.

Los experimentos realizados por estos científicos de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana —dirigidos por el investigador Alejandro Mira— han probado que su acción “reduce entre tres y diez veces la producción de ácido, el ambiente favorable para la vida de las bacterias de la caries, sobre la placa dental”.

Y una vez descubierto el procedimiento, que es lo más complejo, el resto pasa por encontrar su aplicación práctica. En otras palabras, de lo que se trataría ahora es de encontrar la manera de introducir esta bacteria en nuestro dentífrico, colutorio o en un determinado tipo de producto —un chicle, por ejemplo— para que colonicen nuestras bocas y mantengan nuestros dientes alejados de ese problema que afecta al 90% de la población.

Sin duda, es una manera práctica de poner otro final al cuento, el de la Cenicienta y otros.

Enrique Leite

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