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“Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, como veía que no se caía fue a buscar otro elefante…”. Esta canción  infantil continuaba de este modo, sumando elefantes, hasta el infinito.  Nos sorprende a menudo la resistencia de determinados materiales creados por la naturaleza fruto de la evolución. Sin duda,  las estructuras que entretejen las pacientes arañas es una de ellas. Una simple cuestión de proteínas.

La resistencia radica en la fuerza y la solidez que le aportan dos aminioácidos, la glicina y la alanina, que la araña produce en la parte posterior de su abdomen. La unión de ambas da como resultado esa seda tan flexible —se puede estirar hasta el 30% de su longitud original— como resistente. Tanto que se asegura que si tuviera el grosor de un lapicero —el hilo segregado por los arácnidos apenas mide la décima parte de un cabello humano— podría llegar a detener a un tren lanzado a toda velocidad.

Un grupo de físicos de la Universidad de Leicester se dedicó durante un tiempo —unos pocos meses—  a medir las propiedades del material que las arañas producen.  Los resultados no ofrecen muchas dudas: son capaces de resistir de 1,5 a 12 gigapascales, dependiendo de la especie, lo que supone que la tela cuenta con una dureza de casi 500 megajulios por metro cúbico. Es decir, que posee la capacidad suficiente para lograr la hazaña de frenar un tren, digna por otra parte del mismo Spiderman.

Pero no estamos ante un acontecimiento único de los que podemos observar en la biosfera. Por ejemplo, ¿quién no se ha sorprendido alguna vez al contemplar como las esforzadas hormigas trasladan hasta su guarida una pieza enorme de comida sobre su lomo?

Estos pequeños animalillos de apenas 3 miligramos de peso son capaces de levantar hasta 50 veces su peso. Otro portento. Esta enorme fuerza nos puede llevar a hacer otro sencillo cálculo: ¿serían capaces de levantar a un elefante?

La respuesta resulta obvia: sí. Bastaría con que se organizaran al unísono unos 86 millones de ejemplares para que consiguieran llevar a hombros a estos paquidermos que superan con creces las cinco toneladas (es cuestión de hacer una sencilla multiplicación).

Algo descabellado pero posible… como también lo ha resultado la tonada con la que iniciábamos estas líneas.

Lara de Miguel, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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