recuerdos y memoria

Seguro que muchos de ustedes han hecho y están practicando esa carta de propósitos que metódicamente hacemos cuando cambiamos de año. Según los psicólogos, este ritual es positivo, aunque en ocasiones resulte doloroso. Este proceso implica recordar, escenas, palabras, instantes que  nos quitaron  el sueño, el apetito, que asaltaron nuestro consciente durante un tiempo con mayor o menor insistencia, situaciones de temor, sentimientos de vergüenza, pérdidas o rupturas de todo tipo que tambalearon nuestro pequeño universo emocional. ¿Imaginan que pudiéramos desembarazarnos de un hecho concreto en el instante mismo en que acontece? Simplemente decirle a nuestro cerebro: esto no lo quiero recordar, ¡bórralo!

Pues hay personas que poseen esta especial cualidad, aunque puede que no lo sepan. Según un estudio realizado por el Centro Vasco  sobre Cognición, Cerebro y Lenguaje, algunas personas  consiguen eliminar memorias recientes gracias a una característica fisiológica: una fuerte conexión entre las regiones de la red cerebral que une el hipocampo con el área prefrontal lateral a través de la corteza cingulada y el lóbulo parietal.

Un grupo de personas fueron sometidas a una serie de  pruebas conductuales para mostrar el laberinto de redes del cerebro que se ponen en marcha cuando intentamos suprimir un recuerdo. Los participantes  memorizaron un grupo de pares de palabras y después se les solicitó que no pensaran en ellas mientras sus cerebros eran visualizados por  resonancia magnética (RM). El ensayo finalizaba con un examen de memoria que determinaba quién había logrado eliminar las palabras requeridas. Esa especial conexión funcional entre el hipocampo y el área prefrontal lateral del cerebro determina que algunas personas puedan borrar los recuerdos voluntariamente.

Este deterioro temporal de los recuerdos no supone que desparezcan de nuestro disco duro, pero al estar estropeadas se dificulta su reaparición posterior. Además, el ejercicio de olvidar es más eficaz si se realiza de forma inmediata a lo acontecido y sus resultados pueden mejorar con el entrenamiento.

Teniendo en cuenta que a veces los recuerdos pesan, y hasta pueden interferir en nuestra vida, no digan que no resulta tentador este autolavado de conciencia. Todo un reto para aliviar a personas que padecen  trastornos desencadenados por  vivencias traumáticas.

Yo nací un día 13 a las 13:30 y la parte menos racional de mi personalidad esperaba que este año acabado en 13 me deparase halagüeñas experiencias. Y así ha sido. Por eso siento abandonar este año y debo reconocer que hasta lo olvidable, por doloroso,  ha servido para hacer mucho mas amable lo recordable. En este estreno de año, les deseo un 2014 lleno de recuerdos inolvidables.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

Anuncios