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La contaminación antropogénica, la que originamos los humanos, está abocando al planeta a una posible extinción en masa. Los océanos quizás sean los ecosistemas que más están cambiado fruto de los residuos generados por la actividad humana. Un informe realizado por el Programa Internacional Geosfera-Biosfera destaca que una de las consecuencias negativas desde que se inició la Revolución Industrial ha sido el aumento del 26% de la acidificación de las aguas marinas.

De hecho, según los datos de este informe, las actividades humanas arrojan 24 millones de toneladas de CO2 a los océanos cada día, provocando un cambio en el pH de las aguas que puede hacer desaparecer al 30% de las especies marinas, incluidos los corales, en los próximos 75 años. De continuar a este ritmo, al acabar el siglo no habrá ningún molusco que viva en unas condiciones como las actuales.

Asimismo, esta acidificación de las aguas, corroborada por otros estudios similares realizados anteriormente, se está produciendo de una manera más rápida que en cualquier otro momento de la historia de la Tierra.

El aumento de los niveles de CO2 en disolución está provocando el descenso del pH marino. Del mismo modo que el agua dulce se transforma en soda al añadir dióxido de carbono —la llamada agua carbonatada— y aumenta su acidez, el mar se va saturando de este gas progresivamente.

Este proceso de aumentar los niveles de acidificación tiene una consecuencia directa para el plancton, corales, bivalvos, etc. (y alterando la cadena trófica, acabará afectando a todos los organismos marinos), que ven modificados sus mecanismos celulares de funcionamiento básico y el acceso al carbonato, cemento a partir del cual se construyen las estructuras calcáreas marinas.

Por otra parte, un mayor grado de acidez afecta a los mecanismos de circulación y estratificación de la masa de agua, cuya última consecuencia consistirá en la disminución del aporte de nutrientes (fertilizante) a la comunidad fotosintética.

Los investigadores auguran que antes de acabar la década, el 10% del Ártico serán aguas inhóspitas para especies que construyen sus conchas con carbonato de calcio y para finales de siglo, se convertirá un ambiente hostil para sus actuales habitantes. Unos efectos que ya son visibles, en opinión del experto en el océano Austral, en la corrosión de las conchas de los pterópodos.

De continuar la emisión de CO2 al océano, las consecuencias tendrán a su vez un impacto económico notable, según los investigadores, que cifran una pérdida en derivadas de las actividades de acuicultura en torno a los 130.000 millones de dólares en 2100.

Un panorama apocalíptico de dimensiones ecológicas y económicas que, a juicio de los autores del informe, solo se podría ralentizar reduciendo significativamente los niveles de CO2, responsables del proceso acidificación de las aguas.

Enrique Leite

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