quien me hizo esa foto

Cuántas veces al repasar nuestro álbum de fotografías nos preguntamos quién nos hizo esa foto. Al fin y al cabo, cuando se hace una instantánea, el retratista busca plasmar algo más que capturar una imagen, un recuerdo o la belleza de ese momento. Detrás de cada foto existe una emoción, una historia robada al paso del tiempo, al olvido. Puede que en un futuro no demasiado lejano el papel fotográfico responda a ese interrogante, y que lo haga a través de las imágenes que se reflejan en las pupilas de los retratados. La paradoja del fotógrafo fotografiado sin saberlo por sus propios modelos.

Fotos en dos direcciones que abren un apasionante camino, principalmente para la medicina forense, ya que las fotos también pueden contar la historia de quien la ejecuta. Un estudio realizado por un grupo de científicos de la Universidad de York  ha conseguido recuperar las imágenes que se reflejan en la pupila de la persona fotografiada.

En el experimento se comprobó que utilizando un zoom de alta resolución en fotos de tamaño carnet se obtienen dos parámetros: el área del rostro del que posa, que cuenta con 322 píxeles de promedio, y los reflejos de sus pupilas, unas 30.000 veces menor. Con el objetivo utilizado, los datos del estudio reflejaron que los participantes reconocieron el 70% de los rostros no familiares y cerca del 90% de los familiares. La pupila recuperó la imagen del fotógrafo y los transeúntes cercanos.

Ahora bien, se me ocurre que dado que hombres y mujeres vemos muy diferente, la información trasmitida también lo será. Así, los señores, poseedores de una vista de cazador, registraran en mayor medida en lontananza mientras nosotras, gracias a nuestra visión periférica —con un ángulo de visión del 45% a ambos lados—, ofreceremos una escena de conjunto.

Antiguamente, algunas tribus aborígenes temían que las fotografías les robasen el alma. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías, además se dejarán al descubierto el alma o al menos el semblante del camarógrafo.

De esta manera esos instantes plasmados en láminas que nos hacen revivir momentos olvidados, apartados de nuestro pasado, también nos ofrecerán información de dónde y con quién estuvimos. Ya no hará falta, como el genial Velázquez en las Meninas, se autoimortalice en una esquina del cuadro.

Ya lo dijo Machado, el ojo no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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