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Todos sabemos que la información representa poder, pero pocos pensábamos que podría formar parte del vademécum de los médicos como si se tratara de una aspirina. Y si no me creen, sigan leyendo.

Dotados de un sexto sentido para detectar que se avecina una tormenta, los humanos somos capaces de reconocer una serie de síntomas premonitorios que nos indican que vamos a padecer un tipo de dolor. Como, por ejemplo, el dolor de cabeza.

La migraña crónica es una cefalea que afecta a una parte importante de la población. Puede cursar con fotofobia (intolerancia al luz) o fonofobia (intolerancia al sonido), hormigueos, náuseas y vómitos. Considerada por la OMS como una enfermedad altamente discapacitante y que obstaculiza la vida diaria, se caracteriza por dolores de cabeza que sufre una persona al menos 15 días al mes durante cuatro horas diarias durante tres meses.

Pues para terminar con este malestar, añadan a la tradicional analgesia un nuevo tratamiento: el informativo. Según un estudio realizado desde el Centro Médico Beth Israel Deaconess (EE UU), una comunicación positiva sobre el fármaco recetado consigue tanto alivio en los pacientes afectados como el preparado por sí solo. De este modo, las esperanzas que depositamos en la medicación contribuyen a su eficacia.

El desconocimiento provoca ansiedad, la ansiedad provoca estrés y el estrés agrava cualquier sintomatología de una enfermedad, así que parece lógico que recibir las oportunas aclaraciones ayude en la curación. Y es que si hay un ámbito en el que necesitamos saber, este es aquel que concierne a nuestra salud.

Lo curioso del estudio es que, por primera vez, se mide el alivio o mejoría que uno percibe aun cuando le tratan con placebos. Sorprendentemente, los sujetos reconocieron disminución del dolor aunque sabían que la pastilla en cuestión no contenía ningún principio activo.

Una especie de método Coue de autosugestión consciente, según el cual toda idea que alimentamos se convierte en una  posibilidad. Vamos, que si imaginamos que el dolor terminará, esto sucederá si es posible y si no, mejoraremos lo que podamos. Así que estamos ante dos grandes poderes: el poder de la mente y el de la información.

Los autores consideran continuar estudiando los beneficios terapéuticos de los placebos, así que en el futuro puede que cuando el medico nos recete una pócima nos preguntemos: ¿Será fármaco? ¿Será placebo? Y si mejoramos con el placebo, terminaremos diciendo: ¿Seré idiota?

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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