oro verde

La botánica es una de las ramas de la Biología más antiguas. No resulta difícil pensar que desde que nos convertimos en recolectores, y quién sabe si mucho antes, y reposamos parte de nuestro sustento y salud en los vegetales, una parte de nuestro conocimiento y tiempo se destine al estudio de las plantas. Y aun hoy nos siguen sorprendiendo tanto con su funcionamiento como con su capacidad de adaptación.

En biotecnología, buena parte de los avances en el terreno de la remediación —limpieza de terrenos contaminados— se basa en la capacidad tanto de raíces como de hojas de determinados vegetales para absorber esos productos contaminantes. Lo que a nadie se le hubiera ocurrido pensar es que esa labor de acumulación tuviera una aplicación para la minería.

Tal cual, un grupo de científicos australianos ha descubierto que los árboles cuyas raíces están sumergidas sobre depósitos de oro enterrados a gran profundidad acaban acumulando grandes proporciones de este metal en sus hojas. Y no porque se adhieran a ellas fruto del viento, sino porque lo metabolizan, como hacen con cualquier otro nutriente, y lo depositan en sus hojas.

Las pruebas realizadas in situ por este equipo de investigadores encontraron en hojas, ramas, cortezas y raíces de eucaliptos que crecían cerca de una conocida explotación minera unas concentraciones de partículas de oro veinte veces más elevadas que las halladas en otros árboles distantes en un kilómetro del yacimiento.

Pero no se vuelvan locos, que nadie se va a hacer rico con este método, ya que las cantidades depositadas —las pepitas— lo son en tan pequeña cantidad que nadie podrá amasar una fortuna con ellas (las más grandes apenas son del grosor de la mitad del cabello humano más fino).

Aun así, el descubrimiento sí puede encontrar una aplicación práctica , ya que su presencia en los árboles próximos puede servir a modo de una señal biológica de que bajo sus raíces se encuentra la codiciada mina de oro. Un procedimiento, desde luego, más barato y menos perjudicial para el medioambiente que cualquier prospección o excavación al uso.

Desde ahora, con mayor motivo que nunca, podremos hablar del oro verde.

Eduardo Costas, catedrático de Genética, y Enrique Leite

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