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Los que buscan en el verde una forma de vida seguro que asentirán con la cabeza mientras leen esta entrada —y no nos referimos a ninguna campaña comercial de marca de cerveza—. Ya sabemos que azul y verde son los colores característicos de la Tierra y que gracias a ellos la vida es posible en el planeta. El verde representa la vegetación, gracias a la cual y al proceso de fotosíntesis inherente, ha permitido la acumulación de unas reservas de oxígeno que, a su vez, han permitido, fruto de una azarosa combinación de moléculas, la existencia de vida.

En el verde, pues, no solo hallamos el origen de la vida, sino también gran parte de los nutrientes necesarios para su evolución. Y  en ese universo de lo verde, si hay un rey sin duda son las algas, tanto las de gran tamaño como las de minúsculas proporciones.

Una de sus cualidades es la capacidad de adsorber diferentes variedades de sustancias y en el proceso fotosintético transformarlas en biomasa. Pero tampoco vamos a detenernos en estas habilidades para la generación de energía o para biorremediar ambientes contaminados. En esta ocasión, nos quedamos con su capacidad de protección contra los rayos ultravioleta.

Si son capaces de parar —detener— los efectos nocivos de este tipo de radiaciones que pueden provocar los temidos melanomas, puede parecer lógico pensar que si nos cubrimos con algas estaríamos protegidos frente a una exposición de este tipo de rayos.

Y como resulta que debidamente tratadas pueden ser la base para crear tejidos, solo falta que alguien se lance al mercado ofreciendo un producto que además de vestirnos nos prevengan contra el cáncer de piel. De momento ese alguien existe. En Perú se comercializan algas para la fabricación de prendas que previenen el cáncer de piel.

Bajo la marca Sombra sana, existe un amplio abanico de prendas, que va desde ropa de baño pasando por ropa de abrigo a todo tipo de complementos, cuyos promotores aseguran que protegen contra la excesiva exposición a los rayos ultravioleta .

El material se elabora a partir de fibras de Gigartina Chamissoi, un alga marina que bloquea un 99,7% de los rayos ultravioleta. El algodón o la lana —por ejemplo— apenas son capaces de retener entre un 5% y un 9%. Sus propiedades se mantienen prácticamente intactas incluso después de 20 lavados, según aseguran sus promotores.

Para los escépticos, solo un dato: estos tejidos fueron probados con éxito en la expedición que los peruanos realizaron en la Antártida en 2005.

Enrique Leite y Lara de Miguel

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