chihuaua

El mundo mascota resulta variopinto y sujeto a las modas. De pronto, ya sea por las influencias de los denominados líderes sociales o por la de veterinarios, se ponen de moda determinados animales que no siempre resultan ser domésticos y se disparan sus ventas por todo el mundo.

Y eso ha pasado siempre… Basta que la reina de Inglaterra se deje fotografiar con cachorros de determinada raza para que se pongan de moda. O qué decir del empuje que dieron a la popularización de los chihuahuas las fotos de Xavier Cugat o Paris Hilton con sus amigos caninos.

Pero no siempre sale todo a pedir de boca. Por encima de las modas, a la hora de elegir una mascota hay que pensar que ni todas las razas de perro se adecuan a nuestras necesidades y, sobre todo, que no todos los animales —aunque domesticables— son candidatos a unirse a nuestro destino. En ocasiones, las más, porque por mucho que nos gusten, determinados animales proceden de un hábitat concreto y se pueden acabar convirtiendo en especies invasoras que amenazan los ecosistemas. 

Eso ocurrió con las cotorras argentinas, un  ave de la familia de los loros de bonito plumaje que se ha apropiado de amplias zonas del planeta —son terriblemente voraces en su dieta de granos— gracias a que se popularizó como mascota, pero que ganó su libertad porque sus dueños se cansaron de ellas o se escaparon de sus jaulas. Y libres, colonizan espacios no naturales de Europa y América del Norte, convirtiéndose en una auténtica pesadilla ecológica.

Algo parecido puede suceder con los cerdos vietnamitas. Elegidos como animales de compañía por actores de Hollywood como George Clooney, pasaron de los campos asiáticos a los salones de las casas de numerosos urbanitas europeos y americanos, deseosos de emular a sus estrellas.

El problema surge cuando crecen, porque ese dulce animal de seis kilos cuando cachorro pasa a ser un flamante ejemplar de 50 o más kilos de adulto. Entonces surgen los abandonos. En el mejor de los casos, en una protectora y en  los peores, en los campos. Estos cerditos sueltos acaban asilvestrándose e incluso mezclándose con otros, como los jabalíes. Es decir, amenazando a las especies autóctonas.

En este caso concreto, según una investigación publicada recientemente en Quercus, pueden poner en riesgo la supervivencia del jabalí europeo además de otras especies, como las perdices, ya que resultan ser unos voraces depredadores de las nidadas de estas aves.

Ahondar sobre estos argumentos resultaría redundante.

No se dejen llevar por las modas y si quieren adornarse la vida con un animal de compañía, hágalo con cabeza. Piense que no hay nada tan efímero como la moda.

Beatriz Baselga, veterinaria, y Lara de Miguel, limnóloga

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