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A pocos meses de la época estival muchos jóvenes, y no tan jóvenes, acuden a gimnasios y realizan dietas maratonianas para lucir cuerpazo en las playas. En su empeño, confeccionan dietas a la carta acompañadas de ejercicio suficiente para contrarrestar el aporte calórico y, aunque adelgacen y se note en su cara y sus patitas, no consiguen eliminar la tripita. Y es que si hay una zona del cuerpo especialmente molesta en esto de las gorduras es la barriga. Todos soñamos con lucir, si no tableta de chocolate, sí un estómago libre de lorzas. No en vano se inventó el pareo para cubrir esos excesos que la moda del bikini deja al descubierto.

Si son de los que cuentan calorías y ya han realizado el cálculo exacto de las que deberán recortar para lograr su objetivo, una mala noticia: dieta hipocalórica y ejercicio no son suficientes, al menos para librarnos del antiestético cinturón abdominal. El exceso de tejido adiposo en el abdomen multiplica el riesgo de contraer enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer y patologías  cardiovasculares. Es pues, más allá de cuestiones estéticas, perniciosa para la salud.

Esta circunstancia ha motivado a investigadores de la Universidad del País Vasco a realizar el primer análisis sobre el impacto de la ingesta de lípidos en la  obesidad abdominal en una etapa vital especialmente delicada: la adolescencia. El cambio de patrones de alimentación de las últimas décadas ha provocado un estallido en la prevalencia de la obesidad en adolescentes.

El estudio HELENA, financiado por la Comisión Europea, demuestra que el porcentaje de grasa consumido en la dieta es el principal factor que desencadena el acúmulo de los lipocitos en el abdomen. La creencia común de que el ejercicio todo lo puede se ha desmontado en este trabajo, que mide la cantidad de adipocitos  utilizando absorciometría dual de rayos X  y los contrasta con hábitos y actividad física para constatar que ni un régimen bajo en calorías  ni una actividad física intensa consiguen compensar el impacto de una dieta rica en grasa en la región estomacal.

El estudio se realizó en adolescentes que han realizado ejercicio o aun lo realizan, así que supongo que será extrapolable al resto de los mortales que ya dejamos atrás ese periodo. Así que, si quiere mirarse satisfecho el ombligo y que se lo miren, el próximo verano no queda otra, sin abandonar algo de ejercicio regular, que comer ligero de grasa.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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