fildelidad e intigeligencia

En el reino animal —el normal– la promiscuidad, o traducido en términos más coloquiales, la fidelidad, se relaciona con comportamientos menos evolucionados. Las parejas estables quedan para los más listos. Además, está ligado con cuidar a la progenie; es decir, cuando el padre se involucra en el cuidado de los más peques y entre ambos garantizan mejor su subsistencia.

Si lo traducimos a nuestra manera de pensar, podríamos afirmar que aquellos especímenes de nuestra raza más completos o más cercanos a la perfección son aquellos que se concentran en una sola pareja con la que tener hijos y formalizar una vida en común y que se involucran en el cuidado y educación de los canijos. En cambio, los picaflores o los infieles estarían situados en un escalón inferior dentro de la escala y los tildaríamos como más primitivos y toscos —y no se me enfaden, que esto es un artículo de ciencia y no pretendemos expresar ningún tipo de dogma ético o moral y mucho menos insultar a nadie—.

Al tajo. Realmente desconocemos si es esta la hipótesis de partida o vaya a saber usted cuál, que los científicos son gente muy retorcida en sus planteamientos, pero lo cierto es que a los investigadores el binomio entre inteligencia y fidelidad —humana se entiende— es un asunto que les atrae en grado sumo y que, de cuando en cuando, nos depara estudios interesantes donde se analizan estas dos variables.

Y sí, ciertamente, parece existir una relación, y en contra del pensamiento machista al uso, esta relación nos indica que va en consonancia con las pautas del  resto de los animales. Para ello, los científicos tomaron como referencia las bases de datos de Estados Unidos, que ya saben que son amantes de compilar todo tipo de información sobre los humanos.

El análisis estadístico no ofrece dudas: existe una correlación entre infidelidad y bajo cociente intelectual. O si lo prefieren, los varones con mayor cocumen muestran claras preferencias por la opción de la monogamia sexual. Estamos hablando de los hombres, se entiende, porque lo de la infidelidad femenina —que haberla hayla y en grandes cantidades también— no  se ha contemplado en este estudio.

Y curiosamente, los investigadores  prefieren hablar de evolución y catalogan que esta tendencia es fruto precisamente de eso, de un síntoma de haber avanzado algún paso más que los infieles en el camino que mejora nuestra especie.

A partir de ahí, que cada cual haga de su capa un sayo y busque las excusas que crea convenientes para justificar su tendencia a huir del compromiso y diversificar sus hábitos sexuales.

Enrique Leite

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