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Si es de los que comen carne, sepa que está en un serio peligro de extinción y con ello nos precipitamos a un declive que consecuencias imprevisibles. Y no me sea vanidoso, que en esta ocasión, los humanos jugamos el papel del malo de la película. Los grandes depredadores carnívoros, como leones, dingos, lobos u osos, están amenazados y la disminución de sus poblaciones está alterando los paisajes en todo el mundo: de los trópicos a los polos.

La pérdida de su hábitat natural, la cacería a la que se ven sometidos por los humanos y la escasez de presas —también fruto de los dos anteriores— están resultando una combinación mortal para estas especies.

Y no se trata de un tópico al uso de conservacionistas, sino de los resultados de un estudio que publica la prestigiosa revista Science en el que se analiza lo que está ocurriendo con 31 especies de carnívoros. 

Los datos son escalofriantes: las poblaciones de más del 75% de las especies analizadas están disminuyendo. Por áreas geográficas, Asia, África y el Amazonas son las zonas más amenazadas. Eso por no recordar que en la Europa civilizada y  EE UU, prácticamente desaparecieron hace años de sus tierras.

Esta pérdida, alertan los científicos que han realizado el estudio, tiene un efecto dominó sobre el resto de la cadena trófica y está amenazando globalmente los ecosistemas en todo el planeta. Por ello, además de relatarnos las consecuencias que ya se pueden apreciar, reclaman al gran depredador actual, el hombre, una iniciativa internacional para la conservación de estas grandes especies de carnívoros.

Porque no hay que olvidar que gracias a la existencia de una cúspide en la cadena natural, se mantienen los bosques u otras zonas verdes. Los científicos comprobaron que la presencia de menos depredadores se traduce en un aumento de otro tipo de animales herbívoros. Y que esta superpoblación está alterando la vegetación y, con ella, la presencia de aves y otros pequeños mamíferos. En resumen, tiene un efecto en cascada que se nota en todos los ecosistemas.

En el estudio se observa cómo la presencia de linces está relacionada con la abundancia de corzos, zorros rojos o liebres o que, en África, la disminución de leones o leopardos coincide con un aumento notable de un tipo de babuino, que a su vez está amenazando los cultivos agrícolas y el ganado.

Y el problema no solo lo encontramos tierra adentro, también se hace palpable en el mar. La disminución de las nutrias supone un aumento de los erizos de mar y, con ello, se ponen en peligro las praderas de algas.

Los equilibrios nunca son muy estables, pero tratándose de la vida en la Tierra, alterar la precaria línea puede acarrear pérdidas irreparables.

Lara de Miguel, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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