cannabis

Las adicciones son, en general, uno de los problemas de las sociedades denominadas avanzadas y las adicciones a las drogas, en particular, una de las preocupaciones de la mayoría de las instituciones públicas y privadas. Y lo son tanto por el problema de salud que suponen como por los costes económicos derivados de sus tratamientos —ya sea para los propios pacientes o para los sistemas nacionales de salud—.

Cualquiera de esos dos argumentos, sin duda, serviría para justificar la cantidad de especialistas que se dedican a investigar sus causas y sus tratamientos. La mayoría de estos estudios se focalizan en los efectos que producen dichas sustancias en la activación de determinadas hormonas que, a la postre, van a determinar nuestro comportamiento. Porque todo sucede en nuestro cerebro.

Entre esa variedad de investigaciones, hace unos días hemos conocido que un grupo de científicos ha comprobado que existe una hormona, la esteroidea pregnenolona, que inhibe —reduce la actividad— de las moléculas de nuestro cerebro que actúan como receptores cannabinoides; es decir, que cancela el ingrediente psicoactivo que provoca la marihuana. 

Hasta este descubrimiento del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica (INSERM), se conocía que la pregnenolona mejora el funcionamiento cognitivo y la memoria. De hecho, desde mediados de la década de los cuarenta, se administraban dosis complementarias de esta hormona para mejorar la memoria, elevar los estados de ánimo, reducir el estrés y mejorar los efectos de la artritis reumatoide. Esta hormona se produce en el sistema nervioso central y en la glándula adrenal —es una de las hormonas relacionadas con el estrés más presentes en el cerebro—.

Ahora, con esta investigación, se abre un campo interesante para los tratamientos a los adictos a esta sustancia.

Para ello, los científicos administraron grandes dosis de cannabis a animales de laboratorio —más de cinco veces superiores a la que se exponen los consumidores habituales—. Los análisis revelaron una relación entre los niveles de pregnenolona y los efectos dañinos de la THC.

Posteriormente, hicieron pruebas de laboratorio sobre líneas celulares humanas, obteniendo el mismo resultado. Ahora, en los próximos trabajos, es el turno de hacer pruebas directamente sobre pacientes. Y de confirmarse, estaríamos ante una terapia farmacológica eficaz para el tratamiento de la dependencia al cannabis.

No se trata de reabrir debates sobre los beneficios del uso del cannabis —sobre todo ahora que se abre paso su legalización en algunas partes del planeta— sino de luchar contra las adicciones, que ya sabemos que son el principal freno para la libertad de elección de los individuos.

 Enrique Leite

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